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La creación del mayor bloque comercial de la historia preocupa a expertos ambientales

Tras 25 años, la Unión Europea y el Mercosur han cerrado un acuerdo comercial que, según algunos expertos, podría aumentar las emisiones y debilitar las políticas ambientales
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<p>Maroš Šefčovič (centro izquierda), comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica, y Rubén Ramírez Lezcano (centro derecha), ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, se dan la mano tras la firma del acuerdo de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea, en Asunción, Paraguay, el 17 de enero (Imagen: European Union)</p>

Maroš Šefčovič (centro izquierda), comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica, y Rubén Ramírez Lezcano (centro derecha), ministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, se dan la mano tras la firma del acuerdo de libre comercio entre Mercosur y la Unión Europea, en Asunción, Paraguay, el 17 de enero (Imagen: European Union)

Diversos expertos advierten que el acuerdo para crear el mayor bloque comercial del mundo podría empeorar la protección medioambiental. Señalan la falta de claridad sobre el cumplimiento de las normas medioambientales y el incentivo a los proyectos extractivos o al comercio de productos alimenticios “intensivos en emisiones”.

La semana pasada, la Unión Europea y el bloque de cinco países sudamericanos, Mercosur, finalmente firmaron un acuerdo comercial tras más de dos décadas de negociaciones.

El acuerdo aún debe ser ratificado por el Parlamento Europeo y los Estados miembros del Mercosur, lo que, según estiman los expertos, ocurrirá en la segunda mitad del año.

Sin embargo, el miércoles el acuerdo fue remitido al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para que se pronuncie sobre su compatibilidad con los tratados de la UE, lo que podría retrasarlo aún más. Una vez aprobado, reunirá a los países miembros plenos del Mercosur, con una población combinada de más de 700 millones de habitantes, en una única zona de libre comercio.

Dos funcionarios se dan la mano durante una ceremonia formal, rodeados por las banderas de Brasil y la Unión Europea
El presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en Brasilia, un día antes de la firma del acuerdo (Imagen: Tânia Rêgo / Agência Brasil)  

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lo calificó como un “día histórico para el multilateralismo”. Otros analistas y comentaristas lo elogiaron como un impulso para las industrias europeas y el posicionamiento geopolítico.

Sin embargo, varios expertos ambientales declararon a Dialogue Earth que el acuerdo es el resultado de negociaciones desequilibradas que dejarán al medioambiente desprotegido.

“Se trata de un acuerdo perjudicial que debilitará los esfuerzos de los países para hacer frente a la emergencia climática y lograr una transición justa”, afirma Rômulo Batista, codirector de las campañas de soluciones forestales de Greenpeace Brasil.

Dialogue Earth también consultó a Ignacio Bartesaghi, director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay: “Este acuerdo es más importante por lo que representa que por lo que realmente contiene. Es un acuerdo limitado, pero es lo más significativo que le ha pasado al Mercosur desde su creación”.

¿Qué dice el acuerdo?

El acuerdo de libre comercio ha tardado 25 años en gestarse. La Unión Europea comenzó a negociar con el bloque de cinco países del Mercosur (Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay) en 1999. El proceso finalmente concluyó con la firma del acuerdo el 17 de enero en Asunción, Paraguay.

El acuerdo se ha alcanzado en un contexto de rápidos cambios geopolíticos. Bajo la presidencia de Trump, Estados Unidos se ha ido retirando de la cooperación internacional. Hace dos semanas, su administración se retiró de 66 acuerdos internacionales, incluida la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

“El mundo no es el mismo que en 1999”, afirma Magdalena Bas, profesora asociada de Derecho Internacional Público en la Universidad de la República de Uruguay (Udelar). “La UE busca posicionarse como defensora del Derecho Internacional y de un orden basado en normas, en contraposición a la opinión de Donald Trump de que los ‘acuerdos’ deben sustituir a las normas”.

Esto es especialmente importante si se tiene en cuenta el uso que hace Trump de los aranceles como táctica de negociación. “La Unión Europea busca reducir los aranceles, establecer normas comunes y salvaguardar el comercio internacional”, añade Bas.

Según la Comisión Europea, el acuerdo reducirá los aranceles sobre una serie de productos, entre los que se incluyen los automóviles, la maquinaria y los productos farmacéuticos. También garantizará el acceso de la UE a materias primas esenciales, como los minerales necesarios para las tecnologías de energía limpia, y permitirá a las empresas europeas licitar en contratos de obras públicas sudamericanos. Algunas estimaciones sitúan el crecimiento económico que el acuerdo aportará a la UE y al Mercosur para 2040 en un 0,1% y un 0,7%, respectivamente.

La Comisión Europea prevé que el acuerdo aumentará el PIB de la UE en más de 77.600 millones de euros y las exportaciones en hasta 50 mil millones de euros. Afirma que esto supondrá un impulso para los agricultores europeos, muchos de los cuales han llevado a cabo protestas. Los manifestantes argumentan que el acuerdo  perjudicará a los productos nacionales. Francia se ha opuesto sistemáticamente al acuerdo, por temor a su impacto en los agricultores locales.

Manifestantes sostienen una gran pancarta que dice "STOP UE-Mercosur" en una calle
Agricultores con un cartel que dice “Paren el acuerdo UE-Mercosur” protestan en Varsovia, Polonia. Muchos productores europeos temen que el tratado perjudique a los productos nacionales (Imagen: Attila Husejnow / ZUMA Press / Alamy)

También existe un mecanismo de “reequilibrio”. Este permite a la UE suspender partes del acuerdo si considera que el Mercosur no está cumpliendo sus compromisos medioambientales, pero a los países del Mercosur se les ha concedido menos poder para suspender el comercio de esta manera. Por ejemplo, la UE puede plantear una disputa sobre la deforestación, lo que se ha promocionado como un posible impulso para la protección medioambiental internacional. Expertos afirman a Dialogue Earth que dicho impulso está lejos de estar garantizado.

Protecciones medioambientales ‘ambiguas’

Bartesaghi afirma que cualquier medida encaminada a universalizar las elevadas normas medioambientales de Europa sería un paso adelante: “La Unión Europea exige cláusulas medioambientales que no existen en el Mercosur. En materia de comercio y medioambiente, la UE actúa en gran medida por su cuenta e impone normas muy estrictas”.

El acuerdo fomenta la importación a América Latina de productos altamente contaminantes y perjudiciales para la salud
Rômulo Batista, codirector de las campañas de soluciones forestales de Greenpeace Brasil

Un estudio realizado en 2024 por un grupo de investigadores brasileños concluyó que, a pesar de sus limitaciones, el acuerdo podría ser una “herramienta adicional útil para mejorar la gobernanza de la sostenibilidad” en el comercio entre las regiones: “El acuerdo podría establecer un punto de referencia positivo para futuros acuerdos de libre comercio que el Mercosur podría negociar con otros países que son grandes importadores de productos agrícolas”.

Sin embargo, otros señalan la ambigüedad que rodea el cumplimiento medioambiental en el acuerdo. Si bien el acuerdo permite tomar medidas en caso de “incumplimiento grave” de las normas medioambientales, no se aclara cuáles son esas normas ni cómo deben medirse aspectos como la deforestación. Así lo afirma Igor Olech, investigador de economía agrícola y alimentaria del Instituto Nacional de Investigación (IAFE-NRI) de Polonia, con sede en Varsovia.

“Esa ambigüedad es uno de sus principales problemas”, afirma Olech, cuya investigación sobre el acuerdo se publicó el mes pasado. “Abre la puerta a interminables disputas legales. Si la Unión Europea cree que la Amazonía no está adecuadamente protegida, puede alegar un incumplimiento grave. Brasil argumentará que no es así. El acuerdo no aclara quién tendría razón”.

Olech afirma que esto beneficiaría a los grandes productores, que tienen más capacidad para pagar certifiaciones, frente a los pequeños. Añade que se corre el riesgo de que los productores se conviertan en “jueces de su propio cumplimiento”.

También existe la preocupación de que la liberalización del comercio pueda provocar un aumento de la deforestación o de las industrias extractivas “sucias”, como la minería. Batista afirma: “El acuerdo fomenta la importación a América Latina de productos altamente contaminantes y perjudiciales para la salud, como automóviles, plásticos y pesticidas procedentes de Europa, a cambio de productos básicos que a menudo se obtienen de zonas deforestadas”.

Un análisis realizado por académicos europeos especializados en derecho que trabajan en la Universidad de Ámsterdam, y publicado por Climate Action Network (CAN) Europe, advierte que el acuerdo podría “facilitar el comercio de algunos productos alimenticios muy intensivos en emisiones”, como la carne vacuna o la soja. Esto contribuiría a las emisiones globales. Audrey Changoe, experta en comercio de CAN, afirma que el mecanismo de reequilibrio podría convertirse en una “herramienta para presionar a los países de la UE a fin de que debiliten las regulaciones ecológicas”, lo que debería considerarse una “línea roja” por parte de los legisladores.

El acuerdo también podría fomentar la dependencia de cadenas de suministro alimentario más largas, lo que aumentaría la huella de carbono global de los productos: estudios muestran que el transporte representa casi el 20% de las emisiones de la industria alimentaria.

‘Neocolonialismo encubierto’

Algunos observadores han expresado su preocupación por el posible afianzamiento de las relaciones poscoloniales entre Europa y el Sur Global por parte del acuerdo, mientras corre el riesgo de brindar pocos beneficios comerciales.

Changoe califica el acuerdo de “neocolonialismo encubierto” y añade: “Los productos de mayor valor de la UE se exportan a Sudamérica, lo que intensifica la desindustrialización y la pérdida de puestos de trabajo en esa región, al tiempo que condena a Sudamérica al eterno papel de exportador de materias primas de bajo valor con enormes repercusiones ecológicas para la UE”.

Laura Restrepo Alameda, responsable de incidencia política de CAN América Latina, afirma que el acuerdo corre el riesgo de “reforzar un modelo agroindustrial basado en las exportaciones de monocultivos a gran escala, pesticidas peligrosos y la concentración de poder” en manos de unas pocas grandes empresas. Restrepo Alameda señala que estas empresas ya están presionando para que se reduzcan las protecciones medioambientales.

Vista aérea de un largo camino de tierra roja que atraviesa campos verdes bajo un cielo nublado
Campos de soja en Mato Grosso, Brasil. El acuerdo entre el Mercosur y la UE corre el riesgo de reforzar un modelo agroindustrial basado en las exportaciones de monocultivos a gran escala, pesticidas peligrosos y la concentración de poder, según los críticos (Imagen: Michael Runkel / Alamy)

No todos en Sudamérica son tan críticos. “El acuerdo reportará beneficios comerciales a los países del Mercosur, pero debemos estar preparados para aprovecharlos”, afirma Bas. “Los países deben considerar las políticas que serán necesarias para cosechar los beneficios del acuerdo y neutralizar cualquier efecto negativo sobre el comercio”.

La ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva, también ha defendido el pacto. En un comunicado del ministerio, afirma que las negociaciones han dado lugar a “un texto equilibrado” en consonancia con “los retos medioambientales, sociales y económicos actuales”. El comunicado también afirma que el acuerdo entre la UE y el Mercosur se basa en la confianza de que el gobierno de Lula está llevando a cabo una agenda ambiental “seria”.

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