Clima

De escéptico a defensor: un glaciólogo chileno advierte sobre el futuro de la Antártida

Gino Casassa, director del Instituto Antártico Chileno, repasa su carrera de más de cuatro décadas y cómo cambió de opinión sobre el origen humano del cambio climático
<p>Turistas de visita en la península Antártica. Según Gino Casassa, director del Instituto Antártico Chileno, esta región es una de las que se están calentando más rápidamente del planeta (Imagen: Heckepics / Alamy)</p>

Turistas de visita en la península Antártica. Según Gino Casassa, director del Instituto Antártico Chileno, esta región es una de las que se están calentando más rápidamente del planeta (Imagen: Heckepics / Alamy)

Durante más de cuatro décadas, el glaciólogo chileno Gino Casassa ha estudiado los hielos de la Antártida. Al comienzo de su carrera, admite, era escéptico sobre el origen humano del cambio climático.

Hoy, como director del Instituto Antártico Chileno (INACH), el principal organismo de investigación antártica de Chile, ve un continente en el que el cambio provocado por el ser humano es evidente.

En conversación con Dialogue Earth, Casassa reflexiona sobre cómo evolucionó el conocimiento científico sobre la Antártida, los desafíos que enfrenta el sistema del Tratado Antártico y las decisiones que definirán el futuro del continente durante las próximas décadas.

Gino Casassa
Al principio de su carrera, Gino Casassa era escéptico respecto a si los seres humanos estaban provocando el cambio climático. Hoy en día está totalmente convencido de que el calentamiento global es, principalmente, obra del hombre (Imagen: INACH)

Dialogue Earth: Cuando usted comenzó a trabajar en la Antártida, a principios de los años ochenta, ¿imaginaba que iba a presenciar cambios tan profundos?

Gino Casassa: No. Cuando hice mi primera investigación en la Antártida, en 1982, todavía existía un cierto debate sobre si el planeta podía estar entrando en un período de enfriamiento. Yo mismo fui escéptico durante muchos años respecto de la influencia humana sobre el cambio climático porque pensaba que todavía faltaban evidencias.

Pero hacia fines de los años noventa esas evidencias ya eran contundentes. Como científico, uno tiene que seguir el método científico y estar dispuesto a cambiar de opinión cuando aparecen nuevos datos. Pasé de ser escéptico a estar completamente convencido de que el calentamiento global tiene un origen principalmente humano.

¿Qué señales comenzaron a convencerlo de que la Antártida estaba cambiando?

Uno de los momentos más importantes fue cuando participamos en investigaciones en el mar de Amundsen, en la Antártida Occidental, junto con científicos de la NASA y la Armada de Chile. Existían indicios de que esa región podía ser el “talón de Aquiles” del continente, y los datos confirmaron que efectivamente estaba perdiendo hielo.

Cuando se alcanza determinada temperatura, el hielo comienza a derretirse independientemente de cualquier discusión política

Al mismo tiempo observábamos cambios muy rápidos en la Península Antártica, una de las regiones que más se estaba calentando. Hasta entonces muchos pensaban que la Antártida era un enorme congelador cuyos cambios ocurrían a escalas de miles de años. Lo que vimos fue exactamente lo contrario: en algunos sectores los cambios podían producirse en apenas unas décadas.

¿Qué descubrimientos cambiaron la manera en que los científicos entienden la estabilidad del hielo antártico?

Uno de los grandes debates era cuál era el papel de las plataformas de hielo flotantes. Algunos científicos sostenían que, si desaparecían, el hielo continental prácticamente no cambiaría. Otros pensábamos que esas plataformas actuaban como un freno natural del hielo que está detrás de ellas.

Las observaciones demostraron que ese freno era real. Cuando una plataforma colapsa, los glaciares aceleran su flujo hacia el océano. Casos como el colapso de la plataforma Larsen B, donde miles de años de hielo desaparecieron en pocas semanas, marcaron un cambio de paradigma. También empezamos a comprender que algunas regiones ya habían cruzado puntos de no retorno.

bloques de hielo en un cuerpo de agua
La plataforma de hielo Larsen B, en la península Antártica, donde en 2002 desapareció en cuestión de semanas el hielo acumulado a lo largo de miles de años (Imagen: Sergio Pitamitz / Robert Harding / Alamy)

Como dice una frase que me parece muy acertada: el punto de fusión del hielo no se negocia. Cuando se alcanza determinada temperatura, el hielo comienza a derretirse independientemente de cualquier discusión política.

En paralelo a estos cambios ambientales, también ha cambiado la política antártica. ¿Cómo observa la evolución del sistema del Tratado Antártico?

El Tratado Antártico sigue siendo uno de los mejores ejemplos de cooperación internacional que existe. Pasamos de 12 miembros originales a 58 países participantes: 29 consultivos —donde están las grandes potencias— y 29 observadores. El creciente interés de muchos Estados demuestra que la comunidad internacional reconoce la enorme importancia de la Antártida para el clima y el medio ambiente global.

El Tratado Antártico

El Tratado Antártico especifica que el continente se “utilizará únicamente con fines pacíficos” y establece la libertad de investigación científica en la región. Fue firmado en 1959 por 12 países inicialmente, algunos de los cuales tenían y siguen teniendo reclamos territoriales que se superponen.

China, en particular, se ha incorporado con mucha fuerza. Actualmente posee cinco bases de investigación en la Antártida y está postulando construir una sexta. Cuenta con tremendo bagaje científico y recursos sustanciales. Este es el tipo de transformación que ha experimentado el sistema en las últimas décadas: países que antes no tenían presencia en el continente ahora están invirtiendo significativamente en investigación antártica.

Existen intereses geopolíticos, por supuesto, pero creo que debemos mantener y fortalecer el espíritu de cooperación científica que ha caracterizado al sistema durante más de seis décadas.

¿Entran alguna vez en conflicto esos intereses geopolíticos con los objetivos ambientales?

Chile y Argentina impulsan desde hace más de una década una gran área marina protegida en la región occidental de la Península Antártica. Existe un amplio respaldo científico, pero en la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos las decisiones se toman por consenso, por lo que basta con que un país se oponga para impedir su aprobación.

Algunos sostienen que hacen falta más estudios científicos. Nosotros seguiremos investigando, pero estamos convencidos de que proteger esa zona es necesario. Lamentablemente también existen intereses geopolíticos y comerciales asociados a la pesca del krill.

El turismo antártico sigue creciendo cada año. ¿Le preocupa esa tendencia?

No estamos en contra del turismo. Chile es una de las principales puertas de entrada a la Antártida y eso genera beneficios importantes para la región. Además, el turismo puede ser una herramienta educativa valiosa.

Pero ese crecimiento no puede ser infinito. Debe realizarse de la manera más sustentable posible. Hoy existe un consenso creciente sobre la necesidad de monitorear los impactos, tanto del turismo como de las propias actividades científicas y logísticas.

Si la evidencia demuestra que determinadas actividades están afectando ecosistemas específicos, habrá que limitar el acceso o establecer nuevas restricciones

¿Qué tan cerca estamos de tener operaciones antárticas sustentables?

Con la colaboración de la Unión Europea y el apoyo de Alemania, estamos desarrollando una planta piloto de hidrógeno verde para nuestra base Escudero, que es nuestra principal instalación en la Antártida. Actualmente quemamos mucho petróleo y diésel para energizar la base, incluyendo calefacción.

Hidrógeno verde

El hidrógeno, que no produce gases de efecto invernadero al quemarse, puede clasificarse como “verde” si se produce íntegramente utilizando energía renovable.

Esta planta utilizaría energía eólica y solar, y podría suministrar hasta dos tercios de los requerimientos energéticos anuales de la base. Estamos en fase final de diseño para entrar a evaluación ambiental, considerando cuidadosamente los impactos en la fauna local. Requeriría muy poca agua dulce, que extraeríamos de lagos formados por derretimiento.

Otros países ya han hecho iniciativas similares. Argentina tiene una planta piloto funcionando, y China también tiene una en operación. Si esto funciona bien en la Antártida, puede ser escalable a otros entornos extremos del planeta. Se trata de demostrar que es posible investigar y operar de manera sustentable en los lugares más frágiles del mundo.

Edificios bajos en una zona montañosa frente a un cuerpo de agua
Villa Las Estrellas, el asentamiento de las Islas Shetland del Sur donde se encuentra la base de investigación chilena Escudero. Allí se está desarrollando una planta piloto de hidrógeno verde que, según Casassa, podría cubrir hasta dos tercios de las necesidades energéticas anuales de la base (Imagen: SnowSnaw, CC BY SA)

¿Qué le depara el futuro a la Antártida?

Lo más importante será mantener y fortalecer el sistema del Tratado Antártico y no debilitar sus reglas ambientales. También debemos seguir ampliando la investigación científica, porque todavía conocemos muy poco sobre muchos procesos que ocurren allí.

El mundo enfrenta un triple desafío: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación. Tenemos que seguir reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarnos a los cambios que ya son inevitables. En algunos casos ya hemos sobrepasado puntos de no retorno y la naturaleza necesita muchísimo tiempo para recuperarse.

Por eso las decisiones que tomemos durante esta década serán fundamentales para determinar qué Antártida heredarán las próximas generaciones. El punto de fusión del hielo no se negocia, como dije antes. Tampoco se negocia nuestro compromiso con preservar este continente.

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