El establecimiento de “zonas libres de combustibles fósiles” como herramienta para mitigar la crisis climática ha sido objeto de debate durante más de una década. Pero en abril, cuando representantes de 57 países se reunieron en Colombia para la Primera Conferencia para la Transición Más Allá de los Combustibles Fósiles, algo cambió. Se incluyeron entre los resultados deseados: era la primera vez que una gran conferencia sobre el clima les daba tanta relevancia.
Las zonas libres de combustibles fósiles son áreas de gran importancia ecológica, de biodiversidad o cultural, en las que la exploración, la extracción y otros desarrollos de infraestructura relacionados con los combustibles fósiles están prohibidos de forma permanente. Dialogue Earth consultó a Juan Pablo Osornio, director de participación y políticas de Earth Insight, una organización dedicada a proteger entornos clave de la expansión industrial. Afirma que las zonas libres de combustibles fósiles ofrecen “algo concreto, muy intuitivo” que los gobiernos pueden utilizar en sus transiciones energéticas.
“Nos encontramos en un momento en el que todo el mundo exige que las cosas se expresen en términos concretos”, coincide Carolina Sánchez, vocera de la red Gran Caribe Libre de Fósiles. Explica a Dialogue Earth que las partes interesadas quieren hojas de ruta para la transición energética que “incluyan fechas y establezcan detalles más específicos sobre cómo se van a llevar a cabo las medidas… Las zonas libres de combustibles fósiles son algo concreto que ya existe y que los países deberían ampliar”.
La expansión de los combustibles fósiles está amenazando ecosistemas importantes. En abril, Earth Insight publicó un análisis de datos gubernamentales sobre bloques de petróleo y gas en diversas fases de desarrollo y producción, superpuestos a imágenes de satélite de la cobertura de bosque tropical húmedo en la Amazonía, la cuenca del Congo y el sudeste asiático. Earth Insight afirma que la superposición entre ambos asciende a 179 millones de hectáreas y representa aproximadamente el 21% de los “bosques tropicales de alta integridad” de esas regiones.
La conferencia tuvo lugar en la ciudad costera de Santa Marta, en la región caribeña de Colombia. Sin embargo, en otras partes del Caribe, Guyana ha reactivado la expansión de la explotación petrolera en alta mar, lo que ha llevado a Barbados, Jamaica y República Dominicana a tomar medidas similares. El camino de un país hacia las zonas libres de combustibles fósiles está plagado de obstáculos, como la inestabilidad política y las economías dependientes de los combustibles fósiles. No obstante, cada vez son más los gobiernos que reconocen este concepto como una vía para alejarse de la extracción.
¿Cómo se crea una zona libre de combustibles fósiles?
Activistas y académicos llevan más de una década proponiendo la creación de zonas libres de combustibles fósiles. La iniciativa “Leave it in the Ground” (Lingo), una ONG, fue una de las primeras en defender esta idea. En 2022, el académico Fergus Green —actualmente catedrático de políticas públicas en el University College de Londres— elaboró un marco introductorio para estas zonas. Se inspiró en parte en las zonas libres de armas nucleares. Este acuerdo basado en un tratado se propuso por primera vez para su consideración en la Asamblea General de la ONU en 1999; actualmente, las zonas libres de armas nucleares abarcan África, América Latina y el Caribe, el Pacífico Sur y Asia Central y el Sudeste Asiático.
En su propuesta, Green escribe que las zonas libres de combustibles fósiles deberían “consagrarse en las legislaciones nacionales y los acuerdos internacionales, e ir acompañadas de medidas que garanticen una distribución equitativa de las cargas y los beneficios”. Reconoce, sin embargo, que esto no sucederá antes de que se lleven a cabo acciones a menor escala que ejerzan presión sobre los Estados. Por ello, considera que el concepto de zonas libres de combustibles fósiles es un vehículo para “introducir en la conciencia pública un conjunto de ideas en las que puedan inspirarse los grupos motivados” para generar un cambio.
Los mecanismos jurídicos mediante los cuales podrían introducirse las zonas libres de combustibles fósiles se dividen, a grandes rasgos, en cuatro categorías: la autodeclaración (las comunidades declaran formalmente sus territorios como zonas prohibidas); la designación administrativa de áreas protegidas; los litigios que hacen cumplir las leyes vigentes; y las moratorias políticas (prohibiciones nacionales o regionales de nuevas licencias).
Sánchez afirma que las zonas libres de combustibles fósiles suelen basarse en leyes preexistentes. Esto tiene la ventaja de que los costos normativos son bajos en comparación con otros proyectos de mitigación del cambio climático impulsados por el Estado. Por ejemplo, establecer una de estas zonas es más barato y sencillo que desarrollar un nuevo sistema energético o crear nuevas instituciones. En su lugar, basta con trazar líneas en un mapa haciendo uso de la autoridad existente.
Sin embargo, aunque el diseño pueda ser sencillo, su aplicación resulta más difícil. Osornio afirma que la aplicación de la normativa sigue siendo un reto en muchas regiones, especialmente en América Latina y África subsahariana, donde la capacidad de gobernanza varía enormemente. En Ecuador, por ejemplo, el Estado lleva años realizando perforaciones petrolíferas en algunas zonas del Parque Nacional Yasuní, a pesar de su condición de espacio protegido: el país votó a favor de detener por completo la extracción en el yacimiento petrolífero ITT del parque en un referéndum celebrado en 2023. La aplicación de esa decisión ha resultado compleja y lenta.
Esto también es relevante para las áreas marinas protegidas (AMP). Bruna Campos, responsable de la campaña sobre petróleo y gas en alta mar del Centro para el Derecho Ambiental Internacional (CIEL), explica a Dialogue Earth que muchas áreas marinas protegidas no son más que “parques de papel”. Afirma que las actividades petroleras y de gas —ya sean dentro o fuera de ellas— pueden socavar el propósito mismo de una AMP.
¿Dónde ya se están utilizando?
Lingo ya cuenta con una base de datos global de más de 500 “zonas libres de combustibles fósiles” subnacionales y locales registradas. Entre estos lugares se incluyen: Belice, que cuenta con una moratoria indefinida sobre la actividad petrolera en alta mar; Costa Rica, con su moratoria sobre la exploración y explotación de combustibles fósiles hasta 2050; las aguas árticas canadienses, donde existe una moratoria sobre la concesión de licencias de petróleo y gas, que se revisa cada cinco años; y cinco áreas de México con una biodiversidad especialmente rica, a cada una de las cuales se le ha concedido una prohibición de exploración y explotación de combustibles fósiles.
En 2025, Colombia prohibió los nuevos proyectos petroleros en su Amazonía. Y el mes pasado, declaró la Sierra Nevada de Santa Marta —territorio sagrado de cuatro naciones indígenas— libre de la extracción de combustibles fósiles. Pero este legado ya se ve amenazado por el recién elegido presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, quien ha abogado por un resurgimiento nacional de los combustibles fósiles.
Las zonas libres de combustibles fósiles suelen solaparse con los territorios indígenas, y los pueblos indígenas pueden ser una fuerza impulsora de su creación. “Todo lo que queda en el subsuelo debe permanecer allí. Cumple una función importante para nuestra gestión espiritual de enfriar el mundo”, explica a Dialogue Earth Patricia Suárez, líder de la comunidad indígena Murui de Colombia. “Cuando se extraen esos recursos, se alteran elementos de gran importancia para el equilibrio del planeta, lo que genera fuertes impactos climáticos con graves consecuencias para los territorios indígenas”.
En toda la Amazonía, las organizaciones indígenas han venido promoviendo declaraciones similares. El año pasado, en la cumbre climática de la ONU COP30, celebrada en Brasil, las coaliciones indígenas exigieron que sus territorios fueran designados zonas de exclusión para todas las actividades extractivas. Mientras tanto, parlamentarios de cuatro países amazónicos han presentado proyectos de ley para ampliar las zonas libres de combustibles fósiles.
Pero este avance político es frágil. “En mi país, y en gran parte de América Latina, el giro político provocado por las recientes elecciones significa que esta idea se enfrentará a mayores dificultades”, explica a Dialogue Earth Cecilia Requena, senadora boliviana y miembro de Parlamentarios por un Futuro Libre de Combustibles Fósiles. Sostiene que proteger biomas críticos como la Amazonía tiene tanto sentido para las economías como para el clima.
Dialogue Earth también habló con Alana Manchineri, una líder indígena que representa a organizaciones indígenas amazónicas. Su postura respecto a la defensa de las tierras frente a la extracción es clara: “Este es nuestro mandato, y es la contribución más concreta que podemos hacer para enfriar el planeta”.
¿Qué desafíos hay que superar?
La conferencia de Santa Marta sin duda ha puesto en primera plana a las zonas libres de combustibles fósiles. Los países participantes se comprometieron a elaborar hojas de ruta posteriores a la conferencia que orienten la eliminación gradual de la producción de combustibles fósiles, para lo cual podrían utilizarse dichas zonas. Las hojas de ruta tendrán en cuenta las áreas que podrían ser prioritarias para las prohibiciones de extracción, los plazos y los planes de financiación.
Si los gobiernos están pensando en cómo va a ser esa eliminación, lo primero es dejar de producir en estas zonas sensiblesBruna Campos, Centro para el Derecho Ambiental Internacional (CIEL)
Por lo tanto, los defensores de las zonas libres de combustibles fósiles las consideran un primer paso hacia una eliminación más amplia, más que un fin en sí mismas. “Si los gobiernos quieren establecer prioridades, o están pensando en cómo va a ser esa eliminación —porque no va a ocurrir de golpe—, lo primero es dejar de producir en estas zonas sensibles”, añade Campos.
El problema fundamental al que se enfrentan muchos países es una economía que depende de los combustibles fósiles, aunque el grado de dependencia varía considerablemente. En algunos países, los ingresos procedentes del petróleo y el gas sustentan los presupuestos públicos, los servicios públicos y el empleo. Y aunque los argumentos económicos a favor de la dependencia de los combustibles fósiles se están debilitando (a medida que la inversión se desplaza cada vez más hacia tecnologías de energía limpia maduras y competitivas en términos de costos), los líderes políticos se enfrentan a presiones inmediatas. Además de las presiones fiscales, muchos votantes siguen asociando los combustibles fósiles con la prosperidad.
El segundo reto es la inconsistencia política. Es posible que las prohibiciones de los combustibles fósiles no sobrevivan a un cambio de gobierno, como parece probable ahora en Colombia. Para garantizar su perdurabilidad, es necesario afianzar estas prohibiciones en marcos jurídicos más sólidos. No basta con declaraciones políticas u órdenes ejecutivas, sino que se necesitan leyes y acuerdos internacionales que puedan sobrevivir a las transiciones políticas.
Brasil es el actual presidente de la conferencia climática de la ONU desde que fue sede de la COP30 y, como tal, está preparando una hoja de ruta global para la eliminación gradual que se presentará en la COP31 este noviembre. Podría incluir zonas libres de combustibles fósiles, pero —a diferencia de las decisiones negociadas en la COP— la hoja de ruta no será adoptada formalmente por los países, ni tendrá autoridad jurídica o política en el marco de la ONU.
Suárez afirma que los Estados deben adoptar políticas firmes y cumplir sus promesas. Y también se muestra esperanzada: “En Santa Marta vimos cómo se abría ante el mundo la posibilidad de iniciar un nuevo contexto: un nuevo proceso político sobre la transición más allá de los combustibles fósiles”.
