Los pescadores de todo el Pacífico se preparan para un El Niño potencialmente devastador, que aumentaría la presión sobre una industria que ya lucha contra el aumento de los precios del combustible debido al conflicto en el Golfo.
El Niño es un fenómeno meteorológico natural que provoca un aumento de la temperatura de las aguas superficiales en gran parte del Pacífico y perturba la pesca, ya que los animales se desplazan en busca de aguas más adecuadas.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos ha afirmado que hay un 82% de probabilidades de que se produzca un fenómeno de El Niño entre mayo y julio. Otros científicos han planteado la posibilidad de que se trate de un “super El Niño” de gran intensidad.
La secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial, Celeste Saulo, advirtió este mes que un El Niño fuerte “exacerbaría la sequía y las lluvias torrenciales y aumentaría el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano”.
El Niño es un patrón climático en el que las aguas superficiales del centro-este del océano Pacífico tropical se calientan hasta alcanzar temperaturas significativamente superiores a la media. Esto afecta a los patrones de precipitaciones y al clima en todo el mundo, elevando las temperaturas a nivel global mientras dura el fenómeno.
El Niño forma parte de un fenómeno denominado Oscilación del Sur El Niño (Enso). Los episodios de El Niño no se producen con regularidad, pero suele suceder cada dos a siete años. La fase opuesta, más fría, se denomina La Niña.
Durante La Niña, se registran temperaturas del mar más frías de lo habitual en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Al igual que El Niño, afecta a los patrones de precipitaciones y a la presión atmosférica en todo el mundo.
Las condiciones meteorológicas previstas agravarán el problema de los precios del petróleo, que han subido más de un 25% desde la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz, una ruta marítima vital, tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Esto ha sido especialmente perjudicial para los pescadores, que consumen grandes cantidades de combustible para llevar sus barcos hasta los caladeros y volver.
En Perú y Filipinas, Dialogue Earth ha constatado que estos problemas están agravando dificultades ya arraigadas para algunos de los trabajadores en situación de mayor precariedad económica del mundo.
Perú: problemas de abastecimiento de combustible
En Tumbes, cerca de la frontera con Ecuador, Miguel Martínez lleva un año con su embarcación varada en la playa. “No es rentable salir a pescar”, dice el presidente de la Federación Regional de Organizaciones Pesqueras Artesanales Selectivas.
Cuando los pescadores locales salen al mar, sus redes regresan llenas de jaiba morada (Euphylax dovii), un crustáceo sin valor comercial traído por el calentamiento del agua. Sus ácidos corroen los hilos y queman los dedos de los pescadores. Lo que antes era una faena de 100 a 150 kilos de pescado hoy rinde la mitad, advierte el pescador.
“No sabemos a quién recurrir prácticamente”, dice. “Con la escasez de especies en nuestra costa, no queremos invertir en combustible porque ya apenas cubrimos los gastos tal y como están las cosas”.
La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos provocó una enorme subida de los precios del combustible en su país. Para los casi 96.000 pescadores artesanales de Perú, el impacto ha sido peor porque no compran en grifos sino en “chatas”, barcazas de abastecimiento sin precio regulado. Y cuanto más lejos pesca uno, más pesa el golpe.
Una embarcación que se adentra en mar abierto en busca de dorado puede consumir entre 1.000 y 1.500 galones, explica Vega, sin que se produzca un aumento en los precios del pescado que contrarreste el vertiginoso aumento de los costos del combustible. Muchos pescadores han visto cómo sus beneficios se reducían en un 40%, afirma.
En febrero, la Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) de Perú dio la voz de alarma sobre un El Niño costero, que se prevé que se prolongue hasta febrero de 2027 y alcance una intensidad moderada entre mayo y agosto de este año.
Luis Vásquez Espinoza, vocero de Enfen y experto en oceanografía y cambio climático del Instituto del Mar del Perú (Imarpe), afirma que, cuando el mar se calienta, las especies de peces de importancia comercial, como las anchovetas, buscan zonas más templadas del océano, ya sea más cerca de la costa o a mayor profundidad. Sin embargo, la normativa peruana prohíbe la pesca en aguas poco profundas, mientras que pescar en aguas más profundas resulta mucho más complicado y costoso, lo que hace que la actividad pesquera sea menos viable.
A pesar de estas dificultades, el número de embarcaciones artesanales en Perú pasó de casi 18.000 en 2015 a más de 23.000 en 2023 —un aumento del 29% en una década, según la ONG Oceana—, lo que ha reducido los ingresos.
“Tenemos un serio problema con el tamaño de la flota”, advierte Juan Carlos Sueiro, director de pesca de Oceana en Perú. “Con cada vez más embarcaciones, los ingresos promedio son menores”.
Filipinas: ‘Estaba mejor durante el Covid’
Al otro lado del océano Pacífico, más del 50% de los pescadores filipinos han dejado de trabajar desde el conflicto del Golfo, ya que los precios del gasoil se han duplicado, afirma Fernando Hicap, presidente de la Federación Nacional de Organizaciones de Pequeños Pescadores de Filipinas (Pamalakaya).
“Estaba mejor durante el Covid, porque al menos durante la pandemia podíamos salir al mar. El problema entonces era que los consumidores no podían comprar pescado debido a la cuarentena, pero al menos teníamos capturas”, dice Hicap.
Algunos han vendido sus barcos para saldar deudas, dice. El resto se está preparando para la llegada de El Niño.
En Filipinas, El Niño puede debilitar el monzón del noreste. Este viento predominante impulsa un proceso oceánico llamado afloramiento, que lleva a la superficie aguas profundas frías y ricas en nutrientes, estimulando el crecimiento del plancton.
Una menor intensidad del afloramiento puede reducir la disponibilidad de alimento para los pequeños peces pelágicos, como las sardinas y las anchoas, lo que disminuye la productividad en los caladeros, especialmente en el mar de Filipinas occidental y el mar de Sulu, según Charina Lyn Amedo-Repollo, investigadora del Instituto de Ciencias Marinas de la Universidad de Filipinas. Esto puede traducirse en menos capturas para los pescadores, salidas de pesca más largas y mayores costes de combustible.
Los datos de la Autoridad de Estadística de Filipinas muestran que la producción pesquera total entre abril y junio de 2024, durante el anterior fenómeno de El Niño, disminuyó un 6,2%, mientras que la producción de algas, una parte importante de la economía azul en Filipinas, se redujo en un 26%.
“La cuestión fundamental es cuántos pescadores sufrirán inestabilidad en sus ingresos”, afirma la conservacionista Candeze Mongaya, que trabajó con las ONG Rare y Oceana Filipinas. “Disponemos de datos numéricos sobre cuánto han perdido los pescadores, pero también hay pérdidas indirectas en el contexto de sus gastos diarios”.
A los pescadores artesanales se les ha ofrecido una subvención de 3.000 pesos filipinos (49 dólares estadounidenses) como respuesta al aumento de los precios del combustible. Sin embargo, varios de ellos declararon a Dialogue Earth que necesitan soluciones a largo plazo, no parches a corto plazo.
Esto podría incluir ayuda gubernamental para que los pescadores diversifiquen su trabajo, de modo que dispongan de otras fuentes de ingresos, afirma Mongaya.
A Hicap le gustaría que se realizaran esfuerzos más amplios para restaurar los entornos marinos y detener la destrucción de hábitats de peces como los manglares y los arrecifes, con el fin de garantizar las capturas en el futuro.
Mantener los ecosistemas más sanos los hace más resilientes al cambio climático y a los fenómenos extremos, y una buena gestión puede aumentar las capturas pesqueras, afirman los científicos, lo que ayuda a mitigar el impacto de fenómenos como El Niño en quienes dependen de ellas.
“No deberíamos construir más carreteras costeras; destruyen los manglares y los arrecifes de coral, y provocan erosión”, afirma. “Mientras continúen esos proyectos destructivos, los pequeños pescadores seguirán sufriendo los efectos de El Niño”.
También en Perú existe la sensación de que estas últimas crisis ponen de manifiesto la importancia de fomentar una mayor resiliencia en el sector pesquero.
“Hablamos de sostenibilidad”, dice Vega. “Pero esta actividad también tiene que ser sostenible para quienes dependemos de ella. El mar no puede convertirse en un cementerio de embarcaciones”.
El vocero de la Oficina de Pesca y Recursos Acuáticos de Filipinas, Nazario Briguera, afirmó que la agencia formará a los pescadores y ha activado un grupo de trabajo especial sobre El Niño para trabajar en la protección de la producción alimentaria.
El Ministerio de la Producción de Perú no respondió a las solicitudes de comentarios.

