Energía

México apuesta por el ‘fracking sustentable’ para alcanzar la soberanía energética

El gobierno afirma que el fracking puede ser más respetuoso con el medioambiente, mientras expertos y comunidades cuestionan su viabilidad
<p>Un pozo de petróleo en Papantla, Veracruz, en la costa este de México. La extracción de hidrocarburos no convencionales es un elemento clave de los esfuerzos del gobierno por reducir la dependencia del país de la energía importada (Imagen: Ana Alicia Osorio)</p>

Un pozo de petróleo en Papantla, Veracruz, en la costa este de México. La extracción de hidrocarburos no convencionales es un elemento clave de los esfuerzos del gobierno por reducir la dependencia del país de la energía importada (Imagen: Ana Alicia Osorio)

México está decidido a reducir su dependencia energética del extranjero. Mientras el gobierno evalúa posibles estrategias, la presidenta Claudia Sheinbaum ha encargado a un grupo de científicos analizar la posibilidad de explotar gas no convencional mediante técnicas de un fracking “sustentable”.

Pero la propuesta ha sido recibida con escepticismo por especialistas, activistas y habitantes de lugares afectados por la extracción de hidrocarburos, quienes cuestionan la evidencia disponible y viabilidad económica de un fracking con menores daños al medioambiente.

Dialogue Earth consultó a Carla Flores Lot, miembro del grupo de investigación socioambiental CartoCrítica: “El fracking, sí o sí, compromete la disponibilidad de agua de uso humano, el suelo fértil, y la salud de comunidades y de ecosistemas sanos, además de que induce sismos que pueden comprometer la estabilidad de sistemas humanos que estén en la superficie”.

La técnica del fracking consiste en perforar pozos verticales en los que se inyectan millones de litros de agua dulce, arena y productos químicos para extraer los hidrocarburos atrapados en la roca, usualmente petróleo o gas. Diversos estudios han sugerido que estos productos químicos y los riesgos de filtración asociados suponen una amenaza para el medioambiente y la salud humana.

El grupo científico propuesto por el gobierno mexicano analizará alternativas como reemplazar el uso de agua dulce por otras sustancias. Otra alternativa es reutilizar “agua congénita”, es decir, aquella que resulta de la extracción de hidrocarburos del suelo durante el fracking. 

La propuesta también sugiere el uso de tecnología moderna para evitar filtraciones en los mantos freáticos. En una conferencia de prensa a principios de abril, la presidenta aseguró que ahora el fracking puede utilizar algunos químicos orgánicos y con menos impactos ambientales.

 “Si vamos a hacer explotación de gas no convencional, tiene que ser de una manera sustentable”, dijo Sheinbaum al anunciar el comité de científicos que tendrá dos meses para analizar la posibilidad de un fracking verde.

A pesar de estas afirmaciones, los expertos ambientales siguen preocupados.

Alto costo, poca agua

La idea de un fracking sustentable compite con las realidades hídricas y económicas de México, de acuerdo con varios expertos.

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, la fracturación hidráulica de un pozo “típico” requiere entre 6,8 y 61 millones de litros de agua. Y según el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías de México (Conahcyt), se necesitarían 14.500 pozos para extraer tan solo el 10% de las reservas potenciales de petróleo y gas no convencionales del país.

Esto, según el estudio del Conahcyt, es preocupante porque el 37% de los recursos no convencionales están en zonas con alto déficit hídrico.

“Cuando tú calculas la cantidad de pozos que se tendrían que realizar en la zona y la cantidad de agua que se requeriría, resulta que es más de la totalidad del agua disponible en esas cuencas y acuíferos”, dijo Manuel Llano, director de CartoCrítica.

Un hombre caminando cerca de una unidad de bombeo de petróleo
Un agricultor de Veracruz observa la operación de un pozo petrolero que se ubica junto a la parcela donde realiza sus cultivos. El consumo de agua del fracking es la mayor preocupación entre comunidades y ambientalistas (Image: Ana Alicia Osorio)

La reutilización de agua también incrementa costos, pues debe pasar por un proceso de limpieza, dijo el especialista en geología regional y sistemas energéticos Luca Ferrari.

Varios estudios realizados en el estado estadounidense de Nuevo México han analizado la viabilidad de reutilizar el agua producida tras las fracturas en los pozos; uno de ellos apunta a su posible uso en la agricultura. Sin embargo, organizaciones ecologistas se han opuesto firmemente a la reutilización del agua de producción en el estado.

El alto costo del proceso de tratamiento también fue concluido en un estudio de una universidad argentina en 2018.

“Usar el agua reciclada en la práctica no se hace porque cuesta mucho, tiene costos mucho mayores, incluso en Estados Unidos donde tienen 20 años con esto y ya probaron de todo”, dijo Ferrari.

En China, empresas han comenzado a utilizar dióxido de carbono en el fracking. Este método reduce la necesidad de agua dulce, pero aún no se utiliza de forma generalizada a nivel internacional.

Ferrari y Llano señalaron que el fracking en México requeriría importar equipo y material desde Estados Unidos que, aunado al costo de reutilización del agua, lo haría inviable económicamente.

Soberanía energética

En el contexto del actual conflicto del Golfo, la apuesta de Sheinbaum por el fracking ha cobrado una nueva relevancia. Aleida Azamar, profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana, explica que México depende en gran medida de Estados Unidos para sus importaciones de gas. Este representa el 75% del consumo de gas en México, según la Secretaría de Energía (Sener).

La interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz, una importante vía de paso para el comercio petrolero, ha provocado fluctuaciones en los precios y ha puesto de manifiesto los riesgos que conlleva la dependencia de un único proveedor.

México consume alrededor de 9.600 millones de pies cúbicos de gas mensual, de los cuales 7.300 son importados, según Sener. La Administración de Información Energética de EE. UU. señala un aumento sostenido de las importaciones anuales, que pasarán de 2,2 billones de pies cúbicos en 2023 a 2,4 billones en 2025.

Con el fracking, la empresa estatal dedicada a hidrocarburos, Petróleos Mexicanos (Pemex), pretende tener un incremento escalonado en la producción para llegar a 8,6 mil millones de pies cúbicos diarios en 2035. 

Asumir la apuesta de poner la infraestructura para el fracking me parece una jugada sin lógica
Aleida Azamar, experta en energía, Universidad Autónoma Metropolitana

Otros países latinoamericanos han incrementado sus inversiones en descarbonización, a menudo con el respaldo financiero de empresas chinas. México se ha comprometido a aumentar la cuota de las energías renovables en su mix energético del 24% al 38% para 2030, pero la inversión procedente de China ha sido limitada debido a la presión ejercida por Estados Unidos, así como a una política que favorece a las empresas estatales.

“Nosotros estaríamos asumiendo esa apuesta de poner la infraestructura [para el fracking] justo cuando los costos de la energía solar, eólica y otras ya son más bajos que los del gas”, dijo Azamar. “Me parece que es una jugada sin lógica”.

Resistencia al fracking

Desde que el partido de izquierda Morena, del que forma parte Sheinbaum, llegó al poder en 2018, la política nacional de México se ha opuesto al fracking. En 2024, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador presentó al Congreso un proyecto de ley para prohibirlo. El proyecto no logró avanzar en el proceso legislativo antes de que Sheinbaum lo sustituyera más adelante ese mismo año.

No obstante, el fracking siguió siendo una práctica extendida. Hasta 2019 se había utilizado en más de 8.400 pozos del país, según la ahora extinta Comisión Nacional de Hidrocarburos,

La actual presidenta, científica en cambio climático y del mismo partido político que su antecesor, también se oponía públicamente.

El repentino cambio de política ha causado la oposición de comunidades indígenas como Reforma Escolín, en Veracruz, ubicado en la costa Este. Ahí, los habitantes dicen que el fracking secó manantiales y arroyos, y les obligó a depender de pipas y botellas de agua.

Personas sentadas con una pancarta que dice "No al fracking"
Habitantes de los estados mexicanos de Hidalgo, Veracruz y San Luis se reunieron para dialogar y protestar contra el fracking “sustentable” anunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum (Imagen: Alianza Mexicana Contra el Fracking)

“La gente sufre, la gente gasta dinero. Uno compra el agua, cuando el agua es un líquido vital para todos”, contó Pastora Garcia, una activista y ama de casa, quien teme que la falta de acceso al agua empeore con una expansión del fracking.

Los agricultores de la comunidad indígena mexicana de Rafael Rosas, situada en una zona con un gran potencial para fracking, también ven con recelo el cambio de postura de Sheinbaum. Desde febrero, las parcelas de los agricultores se han visto inundadas de petróleo crudo, como consecuencia de un derrame de Pemex. Aunque no está relacionado con el fracking, este derrame está demostrando a la comunidad cómo las industrias extractivas pueden afectar a la tierra.

“Están violando nuestros derechos, porque nosotros también tenemos derecho a tener una vida digna, una vida saludable y un medioambiente sano”, dijo Gloria Domínguez, una campesina cuyas tierras han sido destrozadas por el derrame.

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