Cuando pensamos en las redes eléctricas, nos viene a la mente la imagen de kilómetros y kilómetros de cables que conectan enormes centrales eléctricas con casas lejanas. Pero está surgiendo una forma diferente de llevar la energía a la gente: pequeñas fuentes de energía locales conectadas a baterías y edificios comunitarios.
Este concepto de microrred está ganando terreno en las principales ciudades de Estados Unidos, así como en comunidades del Sur Global. A menudo utilizando fuentes de energía renovables, como la solar y la eólica, las microrredes pueden ofrecer la certeza de que, cuando fenómenos meteorológicos extremos o fallas en infraestructuras dejen fuera de servicio la red nacional, las comunidades seguirán teniendo acceso a la electricidad.
La instalación de microrredes suele plantearse como una cuestión de seguridad energética. Pero en algunos lugares, un factor clave son los beneficios para la salud que pueden aportar en un mundo en calentamiento. El acceso a una energía fiable ofrece la posibilidad de aliviar el calor extremo mediante ventiladores y aire acondicionado, así como de almacenar adecuadamente los medicamentos y mantener en funcionamiento los centros de salud.
La necesidad de Chelsea de una mejor energía
En la ciudad estadounidense de Chelsea, en las afueras de Boston, en el estado de Massachusetts, una microrred está suministrando energía a edificios y comunidades que, de otro modo, serían vulnerables a los cortes de suministro relacionados con el cambio climático, la pobreza y las infraestructuras deterioradas. Utiliza paneles solares, baterías y generadores que funcionan con combustibles renovables para alimentar una pequeña red local. Las autoridades municipales han vinculado explícitamente la iniciativa al cambio climático.
La justicia medioambiental es algo que los residentes de Chelsea se toman muy en serio, según Sari Kayyali, responsable de la microrred en la organización que gestiona el proyecto, GreenRoots. Afirma que esto facilitó la aceptación de la idea de la microrred.
“Chelsea tiene una serie de problemas medioambientales”, explica. “Gran parte de la ciudad se encuentra en una zona designada como inundable. Cada vez son más frecuentes las grandes tormentas que pueden provocar cortes de electricidad”. Muchos residentes también son de Puerto Rico, o tienen vínculos familiares allí, y los recuerdos del huracán María de 2017 y de los devastadores cortes de electricidad que le siguieron aún están frescos. “Por eso, la idea de construir una red más resiliente les interesa a muchos”, dice Kayyali.
Los componentes de la microrred se han instalado en edificios municipales, ya que el resto del parque inmobiliario de la zona es antiguo: el cableado y los tejados envejecidos plantean problemas a la hora de instalar paneles solares y baterías de gran tamaño. Por su parte, algunos proyectos inmobiliarios nuevos ya incorporan sistemas de almacenamiento en baterías. Estos se utilizan tanto para los apartamentos individuales como para mantener en funcionamiento los sistemas de seguridad y los ascensores en caso de cortes de suministro eléctrico.
Esta es una historia de CATCH
Esta historia forma parte del trabajo de Dialogue Earth en el proyecto Community Adaptations to City Heat (CATCH), en colaboración con la Universidad de Boston. El proyecto está financiado por Wellcome. Todo el contenido de Dialogue Earth es editorialmente independiente.
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Más energía, mejor salud
Madeleine Scammell es residente de Chelsea. También es investigadora en salud ambiental en la Universidad de Boston y estudia cómo el calor afecta a la salud pública: “Iniciamos un estudio sobre la creación de capacidad para [hacer frente al] calor extremo en la ciudad de Chelsea, y saber que se estaba implantando la microrred nos pareció una pieza importante del rompecabezas para mantener la resiliencia de la ciudad ante cualquier tipo de fenómeno meteorológico extremo”.
Las microrredes pueden ayudar enormemente a desarrollar resiliencia ante los episodios de calor extremo provocados por el cambio climático, que conllevan varios efectos adversos para la salud. Entre otras cosas, pueden proporcionar un almacenamiento de medicamentos y un suministro eléctrico más fiables para los hospitales.
“Si te cuesta refrescarte en casa porque no tienes aire acondicionado, eso te expone a un riesgo aún mayor. Hemos visto muchas muertes a causa de las olas de calor”, afirma Scammell.
“Hay personas que toman medicamentos que necesitan refrigeración y dependen de la electricidad. Las personas que están en diálisis o tienen que acudir al hospital para recibir cualquier tipo de tratamiento durante episodios de calor extremo necesitan desplazarse. Es una carga adicional enorme”.
Las investigaciones han demostrado que las microrredes también pueden aportar algunas mejoras a la calidad del aire local, si utilizan fuentes de energía renovables respaldadas por baterías en lugar de fuentes contaminantes. Kayyali afirma que la experiencia de la microrred de Chelsea también ha demostrado esto.
Grandes problemas en Nueva Orleans
Nueva Orleans, en el estado estadounidense de Luisiana, es otra zona en el ojo de la tormenta climática. El huracán Katrina en 2005 y el huracán Ida en 2021 causaron inundaciones mortales y daños catastróficos en la ciudad, algunos de los cuales siguen sin repararse. También dejaron a los residentes sin electricidad durante semanas.
El proyecto Community Lighthouse está instalando microrredes en la ciudad para garantizar que haya un sistema de respaldo cuando llegue la próxima tormenta.
El proyecto está instalando paneles solares y baterías en iglesias y centros comunitarios de toda la región, con el objetivo de equipar un total de 85 de estos edificios. Estos “faros” pueden actuar entonces como centros de acogida para quienes necesiten refugio y electricidad durante los cortes de suministro. Los impulsores de la iniciativa afirman que pueden responder con mayor rapidez que la ayuda organizada a nivel nacional, ya que se gestionan, cuentan con personal y se alimentan a nivel local.
Realmente lo concibieron como un lugar para cuidar la salud física y mentalMadeleine Scammell, residente de Chelsea
“La gente puede acudir allí para refrescarse, pero también para cocinar cuando no hay electricidad, guardar sus medicamentos y sentir que forman parte de una comunidad”, explica Scammell, que ha visitado uno de los faros. “Realmente lo concibieron como un lugar para cuidar la salud física y mental”.
La mejora de la salud mental, añade, podría ser otro efecto secundario importante de las microrredes.
Microrredes en todo el mundo
Las microrredes ya están proporcionando la energía tan necesaria a comunidades de muchas zonas del mundo. Según el Banco Mundial, en 2021 había unas 9.600 microrredes en el sur de Asia, 7.200 en Asia Oriental y el Pacífico y 3.100 en África. Se prevé que estas cifras aumenten enormemente en los próximos años.
Marios Kalemis es investigador de la Universidad de Groninga (RUG) en los Países Bajos y ha estudiado los cortes de electricidad provocados por el clima en África Occidental: “Si se dispone de una red que funciona [como en EE. UU.], la situación es muy diferente a la de las redes improvisadas que la gente intenta construir por su cuenta, porque el gobierno central no tiene la capacidad de abordar ciertos problemas”.
Pero también en este caso, los efectos sobre la salud derivados de un mejor suministro eléctrico pueden ser significativos, afirma Kalemis. En entornos rurales, por ejemplo, una red eléctrica resiliente puede significar que no se necesiten estufas de leña, lo que repercute directamente en la salud respiratoria.
Aunque las estufas de leña no son un problema importante en la mayoría de las ciudades de EE. UU., hay lecciones que aprender sobre la importancia de un suministro eléctrico constante en las clínicas y consultas médicas. Especialmente ahora que los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes y severos.
Un tipo diferente de energía
Scammell también cree que las lecciones aprendidas en países donde la infraestructura nacional es débil son cruciales para orientar los proyectos en EE. UU. Por ejemplo, el análisis de Kalemis de varios estudios sobre microrredes en África Occidental reveló que los sistemas de energía solar tienen un potencial transformador. Sin embargo, también reveló que no se trata solo de implementar tecnología. Se trata de comprender los entornos socioeconómicos a los que sirven, lo cual es crucial para el éxito.
El cambio climático está agravando los problemas causados por los fenómenos meteorológicos extremos, llevando destrucción y calor a lugares que no están acostumbrados a lidiar con ello. Por eso, las lecciones del Sur Global serán cada vez más aplicables al Norte Global, y viceversa.
“Es importante comprender de dónde proviene la energía”, afirma Scammell.
“No tengo una bola de cristal, pero sí creo que, dado que nuestra infraestructura centralizada es cada vez más vulnerable, necesitamos incorporar más redundancia energética, y eso puede hacerse a nivel local”.
Todo esto beneficia a la salud humana, ya que la resiliencia implica que las microrredes aportan energía en más de un sentido, afirma. “Cuando disponemos de energía a nivel local, también contamos con resiliencia local y con un tejido social sólido, lo que nos proporciona un tipo diferente de poder”.


