En los debates económicos globales y en amplios sectores de nuestro país existe una narrativa recurrente y seductora: la idea de que un país bendecido con inmensos recursos naturales tiene un camino sencillo hacia el desarrollo. Con esa ilusión, Argentina se sumergió de lleno en los pozos de Vaca Muerta, la gigantesca formación geológica de la Patagonia que alberga la segunda reserva de gas no convencional y la cuarta de petróleo no convencional del mundo.
Allí, en las profundidades de algún pozo petrolero, depositamos la esperanza de una Argentina renacida: el anhelo de un país que sea finalmente capaz de revertir la postergación de las grandes mayorías. Sin embargo, a medida que la tecnología aplicada perfora más profundo e hidrocarburos no convencionales brotan a velocidades desconocidas para nuestro suelo, el sueño de aquel país se sumerge en una oscuridad cada vez mayor.
El pasado julio, la producción de hidrocarburos en la provincia de Neuquén, donde se encuentra Vaca Muerta, alcanzó un nuevo récord, representando la mayor parte del petróleo y el gas extraídos en Argentina y revirtiendo los déficits energéticos anteriores.
Pero mientras los barcos cargados de crudo zarpan, la economía real enfrenta un escenario muy complejo. Desde 2015 hasta la actualidad, según los informes salariales de INDEC los salarios reales cayeron entre 25% (sector privado) y 40% (sector público). Por su parte, la industria cayó en una crisis profunda y el Estado abandonó a su población desfinanciando la educación, la salud y la infraestructura, con reducciones de gasto cercanas al 90% en varios rubros según la información de la Oficina Nacional de Presupuesto. La pérdida de ingresos y la precarización de las condiciones de vida de los argentinos es de tal magnitud que los hogares argentinos enfrentan la peor crisis de la historia en materia de endeudamiento familiar.
Mientras tanto, nunca fue tan abultado el ingreso de dólares por el saldo comercial favorable del país y, sin embargo, el Banco Central todavía encuentra serias dificultades para recomponer sus reservas. Hay una pregunta obvia: ¿por qué un flujo tan grande de riqueza petrolera no ha logrado estabilizar la economía ni generar prosperidad?
El espejismo de las divisas
Una parte clave del problema es que, a medida que los dólares han entrado a Argentina en grandes cantidades, también se han ido sacando del país.
Impulsados por varios factores —como la inestabilidad cambiaria local, los diferenciales de rendimiento que ofrecen las tasas internacionales y la estrategia corporativa de diversificación y repatriación de capitales hacia mercados centrales—, los principales actores económicos de Argentina, incluidas sus empresas petroleras y de gas, han tendido a dolarizar sus ganancias tan pronto como pueden. Cada vez con mayor frecuencia, lo hacen a través de estructuras offshore opacas con sede en paraísos fiscales.
El gobierno libertario de Javier Milei profundiza esta conducta. Un elemento central de este proceso es el llamado RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones), un marco normativo diseñado para atraer capitales otorgándoles masivos beneficios impositivos, aduaneros y cambiarios por las próximas tres décadas, permitiéndoles no ingresar al país las divisas obtenidas por sus exportaciones.
El gobierno eliminó gran parte de las restricciones a la compra de divisas que existieron durante los períodos 2011-2015 y 2019-2025 y para sostener el esquema de libertad cambiaria y evitar al mismo tiempo una nueva devaluación, se recurrió a un masivo crecimiento de la deuda externa pública y a los dólares que ingresaron por el incremento de la deuda externa privada. Desde el inicio del actual gobierno, según la información de la consultora privada 1816, la deuda bruta en moneda extranjera (excluyendo al sector público) aumentó en 24.800 millones de dólares.
En su etapa actual, Vaca Muerta es el gran proveedor de los dólares financieros que permite atender la demanda de los sectores de mayores ingresos, sean o no vinculados a la actividad petrolera. Por esto decimos que Vaca Muerta es el proyecto que mantiene alineada a la cúpula empresarial de todos los sectores de la economía con el gobierno. El problema con la deuda es que hay que pagarla, y esto significará que aún más dólares deberán salir del país.
Vaca Muerta no es un oasis aislado dentro de una economía en crisis, es un componente central del esquema de dominación vigente
El espeso oro negro es la savia que corre por las venas de este proyecto político, de este gran acuerdo de las clases dominantes, donde los dólares se acumulan en las cuentas de pocos y la pobreza y la precarización de las condiciones de vida pisan los talones de las mayorías.
El objetivo de fondo de estos actores es transformar la complejidad social, económica y política de un país industrializado en la sencillez administrativa de una economía de enclave, en la que la riqueza generada quede en manos de una pequeña élite.
Pocas veces nuestra economía experimentó un desarrollo tan vertiginoso como el ocurrido en Vaca Muerta. No obstante, esta época dorada de los hidrocarburos coincidió con una de las peores etapas de la historia económica del país. Estos dos procesos contradictorios, sin embargo, no deben entenderse como procesos aislados. Vaca Muerta no es un oasis aislado dentro de una economía en crisis, es, por el contrario, un componente central del esquema de dominación vigente, de la alianza económica y política que proyecta una Argentina para pocos.