La ciudad de Volta Redonda, en el sur del estado de Río de Janeiro, se diferencia de otros municipios cercanos por el color de su cielo. En una región más famosa por sus cielos azules y soleados, los cielos grises de esta “ciudad del acero” brasileña son una marca de identidad propia.
En la década de 1940, la Compañía Siderúrgica Nacional (CSN) de Brasil se estableció en Volta Redonda, en lo que supuso un paso clave para la industrialización del país. Hoy en día, el gran complejo siderúrgico de la empresa alberga dos altos hornos alimentados con carbón capaces de producir casi 6 millones de toneladas de acero al año. Este complejo ha posicionado a CSN como una de las mayores siderúrgicas de América Latina.
Sin embargo, este crecimiento ha tenido un costo medioambiental, concretamente en forma del “polvo negro” emitido por sus operaciones. Se ha constatado que la contaminación atmosférica en el municipio supera los límites establecidos por la legislación brasileña, lo que ha sido objeto de escrutinio por parte de las autoridades locales. En los medios de comunicación han circulado imágenes que muestran nubes de contaminantes que emanan de la planta de CSN y polvo acumulado en los hogares de la zona.
“En mi barrio, la gente limpia sus casas tres veces al día debido al polvo. Cada vez que hay viento, se cuela en los hogares. Es muy triste”, explicó a Dialogue Earth Ricardo Nascimento, residente del barrio Brasilândia de la ciudad desde hace once años. Esta zona de Volta Redonda también se encuentra cerca de un vertedero vinculado a las operaciones de la empresa, donde desde hace décadas se deposita la escoria, los residuos sólidos que generan los procesos de fabricación de acero. El vertedero ha sido bautizado como la “montaña de escoria” por los vecinos y los medios de comunicación, y se le culpa de ser otra fuente de polvo. “El impacto para nosotros es este: gente enferma”, añadió Nascimento.
“La contaminación dentro de las viviendas supone un riesgo enorme”, afirmó Leandro Vargas, que trabaja en el área de toxicología de la Fiocruz, un instituto de investigación sanitaria en Río. “Los límites establecidos no protegen la salud de la población. Hay numerosas repercusiones en las enfermedades cardiovasculares y respiratorias”.
La plataforma del gobierno federal Painel Vigiar supervisa la contaminación y sus efectos sobre la salud. Sus datos muestran que Volta Redonda se sitúa sistemáticamente por encima de la media nacional en cuanto a fallecimientos, casos de cáncer de pulmón y otras enfermedades que se estima que son atribuibles a la contaminación atmosférica por partículas.
En los últimos años, CSN ha adoptado medidas y ha buscado financiación para hacer frente a la contaminación. Entre ellas se incluyen modernizaciones y mejoras en sus acerías, como filtros destinados a reducir sus emisiones. Esto se produjo tras los múltiples acuerdos de “ajuste de conducta” que ha suscrito con el gobierno del estado de Río de Janeiro para cumplir con sus obligaciones medioambientales. Uno de ellos fue un acuerdo de seis años firmado en 2018, que finalmente se prorrogó hasta 2026; las inspecciones correspondientes tuvieron lugar el mes pasado.
En 2024, la Fiscalía General de Brasil recomendó ampliar la vigilancia de la contaminación en Volta Redonda, tras cuestionar las mediciones previas de la calidad del aire realizadas por el Inea, el organismo estatal medioambiental. Durante la visita de Dialogue Earth a la ciudad en junio, los vecinos y las organizaciones locales afirmaron que consideraban que estas medidas no habían sido suficientes para garantizar una mejor calidad del aire.
En 2025, la asociación de la sociedad civil Movimiento por la Ética en la Política de Volta Redonda (MEP-VR) realizó una encuesta a 334 residentes. El 47% de los encuestados afirmó que consideraba que el nivel de contaminación había aumentado con respecto al año anterior, mientras que el 46,7% opinaba que se había mantenido igual. En una escala del 0 al 10, la percepción de los residentes sobre la contaminación se situaba casi en su nivel más alto: 9,2.
Dialogue Earth consultó al secretario de Medioambiente de Volta Redonda, Jorge Alberto Felipe Cury: “Sabemos que la situación dista mucho de ser ideal; sin embargo, CSN está tomando medidas para mitigar los daños, como la reciente instalación de filtros en el interior de la planta. Según los paneles de monitorización repartidos por toda la ciudad, la calidad del aire es buena”. Afirmó que se refería a los datos facilitados por el Inea.
La reciente atención prestada al desempeño medioambiental de CSN en su sede de Volta Redonda llega además en un momento en el que la industria siderúrgica, tanto en Brasil como en el resto del mundo, está explorando vías hacia la descarbonización y la producción de “acero verde”. La propia empresa ha puesto en marcha proyectos piloto para producir hidrógeno verde, un insumo que podría resultar clave en el futuro para la producción de acero con emisiones casi nulas, y afirma que está analizando la viabilidad de más de 100 proyectos de reducción de emisiones.
Según se ha informado, CSN también ha introducido hidrógeno verde en sus altos hornos de Volta Redonda, con el fin de empezar a reducir las emisiones y la dependencia del carbón. Sin embargo, para quienes viven más cerca de su sede en la ciudad, la lucha contra la contaminación sigue siendo una tarea urgente en la actualidad.
El ‘padre de la ciudad’
La fundación de CSN tuvo lugar durante el primer gobierno de Getúlio Vargas, un presidente que supervisó los planes de nacionalización y la consolidación de una legislación laboral favorable a los trabajadores. La empresa petrolera nacional brasileña Petrobras también se creó durante su mandato. Aunque Dialogue Earth escuchó opiniones divergentes en Volta Redonda sobre las responsabilidades actuales de CSN y su futuro, sigue existiendo una especie de consenso sobre un pasado que reportó beneficios a los trabajadores de la empresa.
Volta Redonda se desarrolló junto a su principal empleador histórico y en torno a él, incluyendo “pueblos” construidos expresamente para alojar al personal de la empresa. La ciudad alcanzó una población de alrededor de 261.000 habitantes, según el censo brasileño de 2022.
Los habitantes de la zona describieron cómo sus abuelos y padres tenían empleos bien remunerados y disfrutaban de otros beneficios, como buenas escuelas y clubes sociales subvencionados por la empresa. En la década de 1990, al igual que otras empresas nacionales brasileñas, como la minera Vale, CSN fue privatizada.
Este cambio se produjo al tiempo que otros factores externos afectaban a la industrialización brasileña, entre ellos la migración masiva de la producción manufacturera hacia Asia y la automatización, que redujo el número de puestos de trabajo en el sector. No obstante, algunos consideran que ese momento supuso un hito en la relación entre la empresa y la población de Volta Redonda.
“CSN pasó de ser el padre de la ciudad a convertirse en un desconocido”, afirmó Luís Antônio Lima Neves Júnior, urbanista y coordinador socioambiental del MEP-VR. Ahora, señaló, “existe precariedad en el empleo, incluida la externalización de servicios”. En los últimos años, la empresa también ha sido objeto de multas por su responsabilidad ante los impactos sobre los trabajadores, la población local y el medioambiente.
“Hay un legado medioambiental muy importante que reparar. Siempre hemos reconocido el papel histórico y actual que ha desempeñado CSN desde su fundación. Es un referente del desarrollo en Brasil. Sin embargo, esto ha dejado profundas huellas en la calidad de vida local”, declaró a Dialogue Earth José Maria da Silva, director ejecutivo del MEP-VR.
El toxicólogo de la Fiocruz, Vargas, argumentó que “es habitual en ciudades con grandes empresas como CSN que estas se ganen el apoyo de la población” mediante la creación de numerosos puestos de trabajo. “Siempre hacen todo lo posible por demostrar que se preocupan por la gente”, afirmó. “En cualquier caso, la exposición crónica provoca enfermedades, aunque la gente no establezca esa conexión”.
Júnior describió un proceso de décadas y la toma de conciencia en torno a la calidad del aire de la ciudad. “En la década del 2000 se descubrieron los efectos de la contaminación que antes se consideraban normales. En ese momento, la población comenzó a luchar por sus derechos”, explicó. “Sin embargo, con el paso del tiempo, la situación volvió a normalizarse”.
No obstante, hoy en día, como destacó su colega da Silva, “existen tecnologías que no estaban disponibles hace décadas y que pueden reducir parte de las emisiones”.
CSN ha comenzado a estudiar la integración de estas tecnologías, pero la necesidad de modernización llega en un momento complicado para la empresa y para el sector siderúrgico brasileño en general. La empresa se ha visto sometida a la presión de las importaciones baratas, que han mermado su competitividad y sus beneficios, y a una capacidad limitada para invertir.
Este año, CSN ha tratado de hacer frente a una deuda de 40.500 millones de reales brasileños (8.000 millones de dólares), anunciando planes para vender participaciones en sus actividades subsidiarias, incluidas las de infraestructuras y cemento. Algunas fuentes han afirmado que esto podría generar entre 5.000 y 8.000 millones de reales brasileños (entre 1.000 y 1.600 millones de dólares) en flujo de caja para la empresa.
La escoria está ahí, y cerca del río. Todo nuestro barrio podría verse afectado en caso de un deslizamiento y también el curso del ríoRicardo Nascimento, residente del barrio de Brasilândia en Volta Redonda
En Volta Redonda, las noticias sobre la venta de activos de CSN han avivado los rumores y la inquietud sobre los planes de la empresa para seguir operando en la ciudad.
“¿Qué nos quedará? ¿Quién va a pagar las facturas?”, preguntó Nascimento.
“Incluso en el caso de que la acería no esté a la venta ahora mismo, no hay indicios de que las actividades vayan a durar mucho más en la ciudad”, afirmó Júnior.
Dialogue Earth se contactó con CSN para pedir comentarios sobre las preocupaciones planteadas por los residentes en este reportaje, pero en el momento de la publicación aún no se había recibido respuesta. En enero se informó que la empresa estaba barajando la venta de sus activos siderúrgicos, algo que no confirmó ni desmintió en aquel momento. Desde entonces, la cobertura mediática se ha centrado en los preparativos de CSN para las licitaciones de sus divisiones de cemento e infraestructuras.
La ‘montaña de escoria’
En las últimas décadas, ha surgido una enorme pila de residuos a orillas del río Paraíba do Sul, que atraviesa Volta Redonda. Ha atraído mucha atención y ha despertado la preocupación de la población local.
A lo largo del día, camiones cargados de escoria descargan su contenido sobre la pila, que no deja de crecer. Esta enorme acumulación ha generado inquietud entre los vecinos debido a la propagación del polvo que se desprende de su superficie, especialmente en los días de viento fuerte. Pero también han expresado temores que van más allá de esto.
“La escoria está ahí, y cerca del río. Todo nuestro barrio podría verse afectado en caso de un deslizamiento y también el curso del río. Esto afectaría a una población más amplia. Sería como Brumadinho y Mariana”, afirmó Nascimento, refiriéndose a dos de los peores desastres medioambientales de la historia de Brasil. En ambos casos, el colapso de represas de residuos mineros causó daños masivos a las poblaciones locales y provocó decenas de muertes.
“Es una tragedia a punto de ocurrir”, afirmó Júnior, del MEP-VR.
En 2025, la Fiscalía Pública Federal de Brasil (MPF) interpuso una demanda contra CSN y una empresa asociada por sus actividades en la zona. Según la denuncia, se acusa a CSN y a Harsco Metals de haber causado contaminación a niveles capaces de perjudicar la salud humana, al almacenar y eliminar residuos sólidos de forma inadecuada y en violación de la legislación medioambiental.
Según la MPF, se alega que, hasta diciembre de 2023, se habían vertido más de 5 millones de toneladas de escorias. Las pilas de residuos han alcanzado más de 30 metros de altura, lo que supone un riesgo para el medioambiente y el paisaje. Se afirma que las partículas desplazadas desde el emplazamiento han llegado a los distritos vecinos, afectando a más de 40.000 residentes. La denuncia calificó estos hechos como delitos continuados y afirmó que se remontan a las décadas de 1970 y 1980 hasta la actualidad.
La fiscalía fijó una indemnización mínima por daños medioambientales y sociales superior a 430 millones de reales brasileños (86 millones de dólares estadounidenses).
Tras el anuncio, un comunicado de CSN calificó la demanda de “inesperada”. La empresa rebatió la descripción de la instalación como “vertedero”. CSN también argumentó que, según informes, estudios técnicos independientes habían indicado que “el agregado siderúrgico almacenado no es ni peligroso ni tóxico”, y que no existía riesgo de derrumbe ni de contaminación del río.
El caso se tramitará ante el Tribunal Federal Regional de la Región de Río de Janeiro, aunque aún no se ha anunciado la fecha.
Hoy en día, la montaña ha adquirido un tono diferente. El motivo es “GreenCarpet”, un producto que la empresa ha aplicado en un intento por solucionar el problema del polvo: se trata, literalmente, de un sellador polimérico de color verde pulverizado sobre la superficie del vertedero, cuyo objetivo es controlar la erosión y, por lo tanto, el polvo. Un comunicado de prensa del Municipio de Volta Redonda afirmó que el producto, fabricado por la empresa Benetech, con sede en EE. UU., puede reducir la dispersión de polvo en el aire en un 90%.
A principios de 2025, CSN declaró que había “intensificado sus esfuerzos para trasladar y reutilizar el agregado siderúrgico” almacenado allí. Según la empresa, el material se está utilizando en aplicaciones para la pavimentación de carreteras rurales, el movimiento de tierras y el balasto ferroviario. Reiteró su postura respecto a los análisis que, según se informa, habían desmentido los riesgos medioambientales en las instalaciones.
Sin embargo, en el vecindario persiste el escepticismo sobre la durabilidad de las soluciones actuales. “En cualquier caso, la escoria y el río seguirán ahí, y también los riesgos”, argumentó Nascimento.

