Clima

La catástrofe de Nepal es una advertencia para la defensa glaciar de Perú

A pesar de haber sido reconocido por su estrategia para recomponerse ante los desastres glaciares en el siglo pasado, Perú enfrenta retos en un momento de incertidumbre
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<p>Palcacocha, un lago glaciar de los Andes peruanos alimentado por los glaciares Palcaraju y Pucaranra. Tras una época de avances impresionantes en materia de medidas preventivas durante el siglo XX, cientos de lagos glaciares peruanos corren ahora el riesgo de desbordarse (Imagen: Walter Hupiu / Germanwatch)</p>

Palcacocha, un lago glaciar de los Andes peruanos alimentado por los glaciares Palcaraju y Pucaranra. Tras una época de avances impresionantes en materia de medidas preventivas durante el siglo XX, cientos de lagos glaciares peruanos corren ahora el riesgo de desbordarse (Imagen: Walter Hupiu / Germanwatch)

Benjamín Morales tenía apenas siete años cuando el agua, las rocas y el lodo arrancaron las casas de sus vecinos en Huaraz, la capital del departamento de Ancash, en plena cordillera de los Andes peruanos. Corrió descalzo junto a cientos de personas buscando refugio en las partes altas mientras el desborde de la laguna glacial Palcacocha se tragaba la vida de miles de pobladores. Era el 13 de diciembre de 1941.

“Lo sigo recordando como una película pasando sobre mis ojos”, dice a Dialogue Earth Morales, recordando ese hecho que marcaría toda su vida.

hombre realizando un levantamiento topográfico en una región nevada

El geólogo peruano Benjamín Morales realizando un levantamiento topográfico como parte de su trabajo de monitoreo de glaciares (Imagen proporcionada por Benjamín Morales)

Morales se convirtió en geólogo y estudió glaciares de todo el mundo, desde sus Andes natales hasta las regiones polares y el Hindu Kush-Himalaya. Entre las décadas de 1960 y 1990, dirigió algunas de las iniciativas gubernamentales más importantes para reducir los riesgos relacionados con los glaciares en la Cordillera Blanca de Perú.

El destino lo colocaría como testigo directo de las tres mayores catástrofes glaciares registradas en la historia humana. Además de estar en el desastre de 1941, en 1962 presenció la destrucción del pueblo de Ranrahirca después de que un bloque de hielo se desprendiera de la montaña más alta del Perú, el Huascarán. En 1970, Morales acababa de salir de Yungay cuando un terremoto desencadenó un alud sobre la misma ciudad, matando a 25.000 personas en menos de diez minutos.

Paola Moschella, directora de Investigación en Glaciares del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), explica a Dialogue Earth que que “estudios ubican a la Cordillera de los Andes como la tercera de mayor riesgo a nivel mundial” en cuanto a inundaciones glaciales. Esto se debe a la combinación de glaciares tropicales ubicados a gran pendiente y la presencia de poblaciones viviendo muy cerca de los cauces de los ríos.

Inundaciones por desbordamiento de lagos glaciares

Una inundación por desbordamiento de lago glacial es una liberación repentina de agua de un lago formado por el agua de deshielo de un glaciar de montaña, que se encuentra retenida por el hielo o por una morrena (rocas y sedimentos arrastrados por el glaciar). Estas inundaciones pueden ser provocadas por un terremoto, una avalancha o la acumulación de un exceso de agua de deshielo, y suelen ser extremadamente destructivas.

El colapso de un glaciar en el Himalaya a finales del mes pasado causó la muerte de más de 1.3000 personas al arrasar los valles de Trishuli y Bhotekoshi en la frontera entre Nepal y el Tíbet. Al 11 de septiembre, miles de personas seguían desaparecidas. Para Morales, el desastre ha despertado recuerdos profundamente personales.

Los avances pioneros de Perú

Tras las catástrofes, Perú reaccionó organizando una respuesta estatal e ingenieril sin precedentes impulsada por el Estado.

El desastre de 1941 dio origen a los primeros esfuerzos sistemáticos para monitorear lagos glaciares y llevar a cabo obras preventivas en las cuencas alimentadas por glaciares. Esto llevó a la creación de la Comisión de Lagunas y, posteriormente, de la Corporación Peruana del Santa (que lleva el nombre del río principal de Huaraz), entes estatales que se encargaron de los trabajos de prevención de desastres en esta parte de la Cordillera de los Andes. Más adelante, la responsabilidad técnica pasó a manos de Electroperú, una empresa estatal encargada de generación de energía, manteniendo una cadena institucional concentrada que ejecutó obras ininterrumpidamente hasta la década de los noventa.

Morales y sus colegas se convirtieron en cirujanos de la alta montaña. Desarrollaron y estandarizaron un método preventivo de cuatro pasos: reducción controlada del volumen de agua, excavación de túneles de desagüe subacuáticos, levantamiento de diques de contención reforzados y trazado de canales de rebose hidráulico. Morales afirma que estabilizaron 35 lagos glaciares en la Cordillera Blanca.

“Venían de todas partes del mundo a buscar nuestras experiencias y nos invitaban a todos lados para contar lo que hacíamos. Fuimos pioneros”, remarca Morales con orgullo.

Morrena

Rocas y sedimentos acumulados, transportados y depositados por los glaciares

El glaciólogo peruano César Portocarrero, con 50 años desarrollando proyectos de seguridad en la Cordillera de los Andes peruanos y en Nepal, resalta “la audacia técnica de aquellos años”.

Entre las décadas de 1960 y 1990, la Cordillera Blanca fue escenario de algunos de estos proyectos. Los ingenieros realizaron perforaciones rotativas sobre hielo a 160 metros de profundidad, estudios por refracción sísmica y un túnel morrénico de 150 metros. Así como en la laguna Parón se perforaron 55 metros de roca viva mediante buceo de alta montaña y tecnología de punta. Todas estas acciones permitieron tener información concreta, fortalecer los diques y bajar los niveles de agua para reducir el riesgo de inundaciones catastróficas por desbordamiento.

En el ámbito normativo e institucional, la tragedia de Yungay en 1970 forzó al Estado a dar un salto decisivo. En 1972 se fundó el Sistema Nacional de Defensa Civil (origen del actual INDECI), institucionalizando por primera vez en el país un organismo dedicado formalmente a la prevención y atención de desastres.

Asimismo, Perú llevó a cabo una de las experiencias de reordenamiento territorial más complejas de su historia. La ciudad de Yungay fue reubicada y refundada en un terreno seguro, fuera del alcance de posibles aluviones, mientras que las ruinas de la antigua urbe fueron declaradas campo santo para preservar la memoria del desastre.

Un sistema bajo presión

Gran parte de los avances comenzaron a desmoronarse con el cambio de siglo. En el año 2000, en medio de recortes presupuestales, el gobierno de turno decidió cerrar el histórico Programa de Glaciología y Seguridad de Lagunas, que había ganado gran prestigio por sus logros pioneros y que sentaron precedentes.

Hoy la gestión de los glaciares atraviesa una crisis estructural marcada por la fragmentación institucional y la debilidad en los gobiernos locales, según Alonso Brenes, miembro del Grupo Asesor en Gestión del Riesgo para Latinoamérica de la UNESCO y consultor para el Banco Mundial. Además, advierte a Dialogue Earth que la descentralización no vino acompañada de capacidades técnicas: “Según estimaciones, apenas el 35% de los gobiernos subnacionales en el Perú cuenta con unidades operativas funcionales para la gestión del riesgo de desastres, lo que convierte la prevención en letra muerta”.

Todo lo que se avanzó, se quedó en el pasado
Benjamín Morales, geólogo

Moschella complementa esta perspectiva sobre el rol del INAIGEM: “Nosotros no realizamos directamente acciones de prevención ni obras, conforme al marco normativo peruano. Lo que hacemos es generar conocimiento, evaluar peligros y brindar asistencia técnica a los gobiernos locales y regionales, que son los competentes”.

Ante la falta de articulación, Portocarrero denuncia un “peloteo” constante donde ninguna instancia asume la responsabilidad de ejecutar las obras que la ciencia señala como urgentes. Las evaluaciones del INAIGEM muestran el riesgo latente: de más de 8.000 lagunas glaciares evaluadas en todo el país, el instituto identificó 528 con peligro de desborde, concentrándose 169 de ellas solo en el departamento de Áncash, donde se dieron los tres episodios más fatídicos en la historia de los glaciares en el Perú y el mundo.

Mientras tanto, las obras de ingeniería construidas en el siglo pasado, y resaltadas anteriormente por Portocarrero, sufren por la falta de mantenimiento. El caso más representativo es el de la laguna de Palcacocha. Según el INAIGEM, para 2016 el volumen de agua del lago se había multiplicado, según estimaciones, por 34 en comparación con 1972. Además, considera que la presa de Palcacocha, construida hace más de 50 años, es potencialmente peligrosa. Esto pone en peligro a toda la población de Huaraz, de aproximadamente 120.000 habitantes, muchos de los cuales viven en la misma zona donde Morales vio desaparecer a sus vecinos.

Un estudio de la Universidad de Oxford confirmó el vínculo directo entre el cambio climático provocado por la actividad humana y el crecimiento del peligro en Palcacocha.

La falta de planificación territorial agrava la vulnerabilidad frente a estos eventos. Al respecto, Brenes señala que las comunidades suelen asumir un trade-off económico inevitable: “Las poblaciones se asientan y vuelven a ocupar las zonas de alto riesgo en los cauces no por ignorancia, sino por una necesidad de subsistencia económica, prefiriendo la cercanía al agua para el comercio y la agricultura a pesar del peligro latente”.

confluencia de dos ríos cerca de edificios
La confluencia de dos ríos en Huaraz, en los Andes peruanos, que bajan desde la Cordillera Blanca (Imagen: Alexander Luna / Germanwatch e.V.)

En esa misma línea, Moschella lamenta que la memoria social sea frágil: “A diferencia de Yungay que fue reubicada, localidades como Ranrahirca se reconstruyeron dos veces en el mismo lugar de riesgo”.

Frente al déficit de obras de mitigación física, la tecnología intenta ganar minutos vitales. Moschella subraya que un Sistema de Alerta Temprana (SAT) bien operado puede ofrecer entre 6 y 25 minutos de anticipación para evacuar a la población y salvar vidas. Aunque el sistema de Huaraz ha tenido limitaciones operativas, el INAIGEM ha instalado tres nuevas estaciones de monitoreo en tiempo real, y avanza en implementar un sistema para las laderas del Huascarán.

El futuro del agua en Perú

El horizonte de las montañas entraña incertidumbres complejas de procesar para la toma de decisiones políticas. Moschella explica que estos eventos son “impredecibles”, y “calcular probabilidades en el contexto actual de cambio climático es extremadamente difícil”.

A esa incertidumbre científica se suma la velocidad implacable del deshielo. Los datos actualizados del INAIGEM revelan una pérdida dramática: el Perú ha perdido el 56% de su cobertura glaciar en los últimos 62 años.

La amenaza glaciar trasciende el impacto destructivo de un aluvión y avanza silenciosamente hacia una crisis de seguridad hídrica. Portocarrero y Brenes enfatizan que entre el 60% y el 65% de la población peruana depende del agua regulada por cuencas de origen glaciar. “La tragedia más grande será quedarnos sin agua”, dice Portocarrero.

Alrededor del 58 % de los peruanos vive en zonas con escasez de agua, según el Centro Nacional de Planificación Estratégica (CNPE). Brenes advierte sobre el impacto de esta escasez. Por ejemplo, “Lima enfrenta la amenaza real de perder hacia el año 2030 las reservas que alimentan sus cuencas”.

“Todo lo que se avanzó, se quedó en el pasado”, concluye Morales. Sus palabras resuenan como una advertencia ineludible para el Perú y para los países del Himalaya: los glaciares seguirán retrocediendo, pero la supervivencia de las poblaciones aguas abajo dependerá de mantener viva la memoria y la capacidad técnica antes de que las montañas vuelvan a rugir.

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