Durante casi veinte años, los comerciantes de soja han cumplido el compromiso de no abastecerse de zonas deforestadas de la Amazonía. Ese acuerdo, la moratoria de la soja, se está vaciando de contenido en la actualidad. Los expertos temen que, como consecuencia, la deforestación pueda aumentar un tercio durante los próximos 20 años.
A principios de enero, la Asociación Brasileña de Industrias de Aceites Vegetales (Abiove), que representa a las principales empresas comercializadoras de cereales, anunció su retirada de este pacto.
Esta medida se produce en un contexto de cambios normativos, con la aprobación de una ley estatal que quita incentivos fiscales aplicables a las empresas signatarias y una investigación administrativa del Consejo Administrativo de Defensa Económica (CADE) para esclarecer posibles prácticas anticompetitivas relacionadas con la moratoria.
La retirada de Abiove debilita significativamente este acuerdo.
El pacto del sector privado ha sido considerado una de las iniciativas más exitosas en la lucha contra la deforestación en el bioma. Diversos estudios ya han advertido de las consecuencias que podría tener su debilitamiento. Una proyección compartida con Dialogue Earth por el Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía (Ipam), así como otra publicada por The Nature Conservancy en enero, prevén aumentos sustanciales en la deforestación como resultado.
Otro estudio reciente revela que más de 13 millones de hectáreas de la Amazonía estarían en peligro, una superficie aproximadamente tres veces mayor que la de Río de Janeiro.
[El pacto de la soja] demuestra que es posible desarrollar la agricultura brasileña sin deforestaciónJoão Pedro Carvalho, representante de la Fiscalía General de Brasil
La importancia del acuerdo fue subrayada en el Tribunal Supremo el 19 de marzo por João Pedro Carvalho, representante de la Fiscalía General de Brasil. Carvalho afirmó que el pacto de la soja demuestra que “es posible desarrollar la agricultura brasileña sin deforestación”.
Ana Clis Ferreira representa al Frente por la Deforestación Cero (DZ), un grupo de Greenpeace Brasil que actúa como observador del pacto. En una declaración enviada a Dialogue Earth, afirmó que su fin comprometería los compromisos climáticos de Brasil. Otras organizaciones señalaron que podría afectar a la reputación medioambiental del país en el mercado internacional.
Varias de las principales cadenas de supermercados de Europa —entre ellas Tesco, Lidl y Aldi— se mostraron “profundamente decepcionadas” por la decisión. También han indicado que seguirán evitando los productos vinculados a la deforestación amazónica.
La retirada de Abiove de la moratoria tuvo lugar en un momento complicado, debido al acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur. Este acuerdo multinacional reducirá las barreras comerciales entre gran parte de Sudamérica y la Unión Europea cuando entre en vigor provisionalmente el 1 de mayo. Las exportaciones de soja brasileña a China —el principal destino de este commodity— también prevén disminuciones.
La moratoria de la soja había generado críticas por parte del sector agrícola. Aprosoja y Famato, dos asociaciones que representan a los agricultores brasileños, afirman que la moratoria impone barreras a la expansión de la producción y limita la capacidad del Estado para definir sus propias normas de lucha contra la deforestación en la Amazonía.
Abiove declaró a Dialogue Earth que seguirá cumpliendo “las rigurosas exigencias de los mercados mundiales”.
Dos décadas de moratoria
La moratoria de la soja se introdujo en 2006. Según un estudio de la Universidad de California en Santa Barbara, publicado en la revista Science, casi el 30% de la expansión de la soja brasileña entre 2004 y 2006 se produjo mediante la deforestación de la Amazonía. La moratoria fue creada por la industria y diversas ONG medioambientales como respuesta. En virtud del pacto, las empresas se comprometieron a no comprar ni financiar soja producida en zonas deforestadas. Se les dio de plazo hasta julio de 2008 para cumplir con lo establecido, un hito diseñado para garantizar la transición y la armonización con la legislación medioambiental.
La moratoria reunió a exportadores y procesadores representados por Abiove. La Fiscalía Federal de Brasil se encargó de la supervisión, con el apoyo de organizaciones medioambientales. La aplicación se basó en el seguimiento anual por satélite y en informes públicos.
Según Greenpeace, entre 2009 y 2022 la deforestación se redujo en un 69% en las zonas monitoreadas, a pesar de que la superficie plantada con soja creció un 344%. Hoy en día, solo el 3,4% de la producción en la Amazonía queda fuera de las normas de la moratoria.
La Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña (COIAB) afirma que la moratoria ayudó a contener los conflictos por la tierra al reducir el incentivo económico para plantar en zonas recién deforestadas. La COIAB advierte que su fin podría agravar las “violaciones de los derechos humanos”.
A pesar de estos éxitos, la moratoria tiene sus detractores, incluso entre los grupos ecologistas. Luciana Gatti es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) de Brasil, el principal organismo gubernamental que supervisa la deforestación vía satélite. Gatti afirma que la moratoria nunca se cumplió plenamente y que la deforestación a pequeña escala continuó.
Gatti afirma que la moratoria cambió la forma en que se produce la deforestación, en lugar de detenerla por completo: al frenar el desmonte impulsado por la soja en la Amazonía, fomentó el desmonte de tierras para la ganadería, antes de que se convirtieran en cultivos de soja. También señala que el acuerdo solo abarca la Amazonía. La deforestación relacionada con la soja ha continuado en otras regiones, especialmente en el Cerrado, una sabana tropical situada en el centro y noreste de Brasil.
Por su parte, los productores han argumentado que la moratoria de la soja es anticompetitiva y perjudica a las pequeñas y medianas empresas. En respuesta a una denuncia de la Confederación Nacional de la Agroindustria (CNA), que había argumentado que la moratoria tenía “efectos perjudiciales” sobre el mercado y los consumidores, la autoridad antimonopolio del país, el CADE, determinó que debía suspenderse. Sin embargo, esa resolución quedó aplazada, a la espera de la decisión del Tribunal Supremo.
Mientras tanto, una ley del estado de Mato Grosso que limita las ventajas fiscales a quienes adhieren a acuerdos privados como la moratoria vio suspendida su vigencia, aunque recientemente fue restablecida por el Tribunal Supremo hasta que esta entidad se pronuncie definitivamente sobre el asunto. Para Carvalho, lo que está en debate es “la posibilidad de que un estado miembro utilice su potestad tributaria para castigar a quienes han optado por proteger la selva amazónica en mayor medida y recompensar a quienes no lo hacen”.

El futuro de las exportaciones
Incluso si finaliza la moratoria, los productores brasileños podrían seguir viéndose obligados a cumplir con las exigencias de sus clientes.
Varios supermercados británicos ya han indicado que seguirán abasteciéndose únicamente de productos de soja libres de deforestación, mientras que las exportaciones seguirán estando sujetas a las leyes contra la deforestación de la Unión Europea. La UE es el segundo mercado más grande para la soja brasileña y el acuerdo UE-Mercosur podría dar lugar a un aumento de estas exportaciones. Por ello, se teme que el fin de la moratoria pueda dañar la reputación de la soja brasileña y obstaculizar el crecimiento de las exportaciones.
Grupos de agricultores, entre ellos Aprosoja, han señalado que el acuerdo comercial UE-Mercosur podría limitarse a reproducir las barreras medioambientales impuestas por la moratoria.
En cuanto a China, las exportaciones en 2025 superaron los 108 millones de toneladas. Este fue el volumen más alto en una década, ya que la guerra arancelaria del país con EE. UU. llevó a China a recurrir a las importaciones brasileñas.
Con la distensión de las tensiones comerciales, Beijing ha aumentado sus compras en el mercado estadounidense. Esto ha perjudicado a los cereales brasileños: se prevé que China compre unas 10 millones de toneladas menos en 2026.
“China quiere depender menos del mercado brasileño, al que considera de alto riesgo”, afirma Niklas Weins, profesor del departamento de estudios internacionales de la Universidad Xi’an Jiaotong-Liverpool.
Weins explica que, aunque China no impone requisitos medioambientales formales tan estrictos como la UE, es consciente del riesgo para su reputación asociado al origen de la soja. Añade: “China entiende que el cambio climático supone un riesgo para la producción de soja y, en consecuencia, para su seguridad alimentaria”.

La soja tras la moratoria
El debilitamiento de la moratoria ha llevado a las organizaciones de la sociedad civil a exigir garantías al mercado. “Las empresas que afirman mantener compromisos de deforestación cero deben explicar cómo se cumplirán estos compromisos sin la moratoria”, afirma Ferreira, de Greenpeace.
El Ministerio de Medioambiente y Cambio Climático de Brasil afirma a Dialogue Earth que las políticas públicas para combatir la deforestación “no se debilitarán”.
Existen otros programas, como Agro Brasil + Sustentável, que busca crear una norma nacional para supervisar, rastrear y validar las prácticas medioambientales en la producción agrícola. También pretende incorporar criterios medioambientales en la concesión de créditos rurales.
Algunos expertos predicen que las “certificaciones” oficiales podrían ganar popularidad si la moratoria llega a su fin. “Aunque son más caras y burocráticas, resultan más seguras desde el punto de vista legal para los compradores”, afirma Ronaldo Fernandes, analista de mercado de la consultora brasileña Royal Rural. “Transfieren la responsabilidad al certificador que, de otro modo, recaería sobre el importador”.
Pero para Lisandro Inakake, director de políticas públicas de la entidad brasileña de certificación de sostenibilidad Imaflora, sustituir la moratoria de la soja no será fácil: “Es un sistema sencillo, eficiente y de bajo costo. Crear un mecanismo similar es casi imposible”.