Clima

Embarazo y calor en Pakistán: investigadores se apuran por probar soluciones

Ante el aumento de las temperaturas, médicos e investigadores se centran en soluciones sencillas y económicas que se adapten al contexto de Pakistán
<p>Una mujer espera atención médica en la sala de maternidad de un hospital público de Muzaffargarh, Pakistán (Imagen: Aaron Favila / Associated Press / Alamy)</p>

Una mujer espera atención médica en la sala de maternidad de un hospital público de Muzaffargarh, Pakistán (Imagen: Aaron Favila / Associated Press / Alamy)

Era el comienzo de la primavera en Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán en la provincia de Sind, y las heladas mañanas daban paso a tardes templadas. Pero Bilal Colony ya era mucho más cálida que el resto de la ciudad.

Esta es una historia de CATCH

Esta historia forma parte del trabajo de Dialogue Earth en el proyecto Community Adaptations to City Heat (CATCH), en colaboración con la Universidad de Boston. El proyecto está financiado por Wellcome. Todo el contenido de Dialogue Earth es editorialmente independiente.
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Este barrio del este —una densa maraña de viviendas mal ventiladas, calles polvorientas y casi sin vegetación, escondido tras fábricas y concesionarios de autos en una de las zonas industriales más grandes de Karachi— absorbía el calor de forma diferente. Por la tarde, se notaban varios grados más de calor que en los barrios situados a solo unos kilómetros de distancia.

Naseem, una residente de Bilal que estaba embarazada la primavera pasada, describe la sensación de asfixia que sentía en la vivienda de dos plantas y mal ventilada que comparte con otras ocho personas. “Me sentía mareada, no podía comer nada, solo quería hielo, y tampoco podía conseguirlo porque no había electricidad”, cuenta.

Cada vez son más los estudios que señalan que las mujeres embarazadas se encuentran entre las personas más vulnerables fisiológicamente al calor.

Las temperaturas en Pakistán superan habitualmente los 40 °C en primavera y verano, y millones de personas viven sin acceso a un suministro eléctrico fiable ni a atención sanitaria. El aumento de las temperaturas supone un factor de estrés adicional en un país que tiene una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo: 186 por cada 100.000 nacidos vivos en 2019. La tasa de mortalidad neonatal fue de 38 por cada mil nacidos vivos en 2023, en comparación con las 17 y 18 por cada mil registradas en la India y Bangladesh, respectivamente, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

Sin embargo, en Pakistán y en muchos otros países de ingresos bajos y medios, existen pocos datos sobre cómo el calor está perjudicando a las madres y a los bebés; en el país prácticamente no existe la literatura sobre mortalidad neonatal y materna.

“La falta de investigación y estudios en [esos países] significa que estamos subestimando la carga global que supone el calor para las mujeres embarazadas”, afirma Darshnika Lakhoo, investigadora clínica de Wits Planetary Health Research, una organización centrada en los efectos del cambio climático en la salud pública. “Sin datos y argumentos convincentes, [las mujeres embarazadas] nunca serán una prioridad en las políticas públicas”.

Por ejemplo, la autoridad de gestión de desastres de la provincia pakistaní de Sind cuenta con procedimientos operativos estándar para las olas de calor, pero estos no contienen disposiciones específicas para las mujeres embarazadas. En su lugar, los planes dependen de infraestructuras que fallan con frecuencia: refugios temporales refrigerados en zonas propensas al calor; alertas por SMS y redes sociales para difundir avisos de olas de calor y precauciones en lugares donde las mujeres a menudo no tienen acceso a un teléfono móvil; “instalaciones de refrigeración” con aire acondicionado y ventiladores en una ciudad donde el suministro eléctrico suele ser irregular. Esto no es exclusivo de Pakistán: en un estudio publicado el año pasado, los investigadores advierten que un tercio de los planes estatales de acción contra el calor en la India no incluyen ninguna recomendación para las mujeres embarazadas o lactantes.

La necesidad de subsanar esta laguna de conocimiento es urgente: un estudio de World Weather Attribution reveló que el cambio climático multiplicó por 30 la probabilidad de que se produjera una ola de calor en 2022 en Pakistán y la India, y que este tipo de fenómenos solo se volverán más frecuentes con el paso del tiempo.

No hay tiempo que perder

“No debemos esperar a que se publiquen estudios específicos de cada país antes de actuar”, afirma Amelia Wesselink, profesora asistente de investigación en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston, cuyo trabajo se centra en el calor y la salud reproductiva.

Cuando faltan datos locales, los estudios de alta calidad de regiones similares pueden extrapolarse a otros entornos, afirma, al tiempo que reconoce que “lo que funciona en Karachi puede ser muy diferente de lo que funciona en Boston”.

El punto de partida es averiguar cómo experimenta el calor la población local, ámbito en el que las pruebas suelen ser escasas.

“Tenemos que empezar por hablar con las mujeres embarazadas sobre sus experiencias con el calor”, explica Wesselink a Dialogue Earth. “¿En qué entornos y momentos les cuesta mantenerse frescas? ¿Qué les resultaría más útil en esos contextos?”.

A group of women in colorful shawls sit on benches in a waiting area in a hospital
Una futura madre completa un formulario mientras otras mujeres embarazadas esperan ser atendidas en un hospital de Lahore, Pakistán (Imagen: K M Chaudary / Associated Press / Alamy)

Desde 2024, Jai Das ha estado trabajando para llenar esas lagunas de conocimiento en Karachi.

Das, profesor asociado de investigación en pediatría en la Universidad Aga Khan, fue coautor de un estudio de 2026 que reveló que entre el 9% y el 13% de los casos de bajo peso al nacer en Pakistán eran atribuibles a la exposición al calor. También está trabajando en un estudio pionero que intenta evaluar los impactos del calor extremo en la salud materna, fetal y neonatal en Karachi y en toda la provincia de Sind.

Hasta ahora, su equipo ha reclutado a 1.200 mujeres para el estudio y su objetivo es llegar a las 6.000 antes de que termine el año. En cada mujer, se miden biomarcadores que históricamente se han relacionado con el estrés térmico durante el embarazo.

Estos biomarcadores ayudarán a comprender el panorama general, afirma Das. “Por ejemplo, si un niño nace con bajo peso al nacer, ¿cuáles son las vías que han dado lugar a ello? Comprender qué biomarcadores tienen una mayor relación con el calor extremo nos ayudará a comprender el impacto global del calor en el organismo”.

Exposición y equidad

Una cuestión clave es qué intervenciones pueden ayudar a las mujeres embarazadas a hacer frente al calor.

Las Directrices Nacionales de Acción Sanitaria contra el Calor de Sudáfrica identifican a las mujeres embarazadas como un grupo vulnerable que requiere intervenciones prioritarias. Recomiendan el despliegue de trabajadores sanitarios comunitarios para asistir a las poblaciones vulnerables durante los episodios de calor extremo. En la India, los planes municipales de Surat, Bhubaneswar y Rajkot incluyen medidas concretas para reubicar las salas de maternidad y neonatología lejos de las zonas más calientes de los edificios hospitalarios, y para impartir formación a las madres primerizas sobre el estrés térmico antes de que abandonen el hospital.

Gregory Wellenius, director del Centro para el Clima y la Salud de la Universidad de Boston, afirma que muchas mujeres embarazadas de países de bajos ingresos se enfrentan a riesgos para la salud mucho mayores por el calor que las de lugares más ricos. Suelen tener una mayor exposición, unida a un menor acceso a la atención sanitaria y a menos formas de reducir la temperatura. Una revisión sistemática publicada en noviembre de 2025 por Lakhoo y otros investigadores reveló que las madres de países de bajos ingresos se enfrentan a un riesgo significativamente mayor de parto prematuro debido al calor.

“Muchas de las intervenciones contra el calor que se recomiendan habitualmente dan por sentado que se dispone de electricidad fiable, lugares de trabajo formales y acceso universal al teléfono, lo que las hace poco prácticas para muchas mujeres de países de bajos ingresos”, explica Wellenius a Dialogue Earth. Un ventilador, por no hablar de un aire acondicionado, puede estar fuera de su alcance.

Bamboo poles creating a shaded alleyway
Estructuras de cañas de bambú instaladas en un callejón en Bilal Colony, Karachi, por un equipo de la Universidad Aga Khan. Se cultivarán plantas trepadoras en los enrejados para crear sombra en esta zona común (Imagen: Zuha Siddiqui)

“Una protección eficaz requiere enfoques específicos y de baja tecnología que aprovechen los recursos existentes de la comunidad local y se adapten al contexto local”.

Encontrar esos enfoques es ahora una prioridad.

Desde agosto de 2025, un grupo de investigadores, ingenieros y científicos de la Universidad Aga Khan ha estado probando intervenciones de refrigeración de bajo costo en más de 3.000 hogares de los barrios de Bilal Colony y Garden West, en Karachi, y de la aldea de Matiari, en la provincia de Sind, centrándose específicamente en las mujeres embarazadas, los niños y las comunidades marginadas.

Han instalado toldos de lona que dan sombra a los tejados y crean espacios donde las mujeres de familias conservadoras pueden sentarse al aire libre sin dejar practicar el purdah (una práctica que implica cubrirse el rostro ante hombres que no son familiares). Han añadido conductos captadores de viento que canalizan el aire hacia las viviendas, pintura reflectante solar que desvía la luz del sol de las superficies, y pilotes de bambú cubiertos de enredaderas, que pueden refrescar las calles estrechas y crear espacios comunitarios al aire libre.

Anjum Naqvi, subdirector del proyecto, declaró a Dialogue Earth que ya había observado una disminución de entre 3 y 4 °C en la temperatura ambiente dentro de los hogares en los que se habían probado sus intervenciones, una por vivienda.

Afirma que su equipo siente una gran urgencia por su trabajo. El calor se ha asociado con un mayor riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer, diabetes gestacional, cardiopatías congénitas y eventos cardiovasculares durante el parto.

Y en Bilal Colony, donde están trabajando, esta investigación es una realidad ivida.

“Decidimos centrarnos en este barrio [en concreto] principalmente por lo que ocurrió en 2015”, afirma Naqvi.

Ese año, una ola de calor elevó las temperaturas hasta los 45 °C, con un número de fallecidos tan elevado en algunas zonas de Karachi que los tanatorios se llenaron por completo. El distrito de Korangi, donde se encuentra Bilal Colony, fue una de las zonas más afectadas.

Sentada en su habitación, que hace las veces de cocina improvisada de la casa, Naseem cuenta a Dialogue Earth que espera que el toldo de lona que Naqvi y su equipo han instalado en su patio les proporcione algo de alivio.

“Mi marido y yo estamos ahorrando para comprar también un ventilador que funcione con energía solar, para poder soportar los cortes de electricidad de 16 horas que son habituales en los meses de verano”, dice. “Rezo para que el verano sea soportable este año”.

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