El primer comité científico sobre la transición energética tiene como objetivo situar las hojas de ruta para la eliminación gradual de los combustibles fósiles en el centro de la política climática.
Anunciado en abril en la Primera Conferencia para la Transición Más Allá de los Combustibles Fósiles en Santa Marta, Colombia, el comité elaborará informes técnicos periódicos para orientar a los gobiernos en la aceleración del cambio hacia fuentes de energía limpias.
Un grupo de destacados científicos especializados en energía de todo el mundo está empezando a definir su estructura y organización. Sin embargo, se abren muchas preguntas: ¿cómo proporcionará información útil en el plazo requerido? ¿Cómo equilibrará las necesidades contrapuestas de los países? ¿Y será realmente capaz de desempeñar un papel significativo a la hora de abordar la crisis climática?
¿Quiénes formarán parte del panel científico y cómo estará estructurado?
La idea de crear un panel científico independiente surgió en primer lugar de André Corrêa do Lago, presidente de la COP30, la cumbre de las Naciones Unidas sobre el cambio climático celebrada el año pasado en Brasil.
Do Lago pidió a los científicos ambientales Carlos Nobre, de Brasil, y Johan Rockström, de Suecia, que imaginaran cómo podría ser. Los expertos presentaron sus propuestas en Santa Marta, donde dieron a conocer a los tres copresidentes y los cuatro grupos de trabajo. Así nació el Panel Científico para la Transición Energética Global (SPGET, por sus siglas en inglés).
El panel está presidido por Ottmar Edenhofer, director del Instituto de Potsdam en Alemania; Gilberto Jannuzzi, investigador de la Universidade Estadual de Campinas en Brasil; y Vera Songwe, experta en financiación del desarrollo de Camerún.
Unos 80 científicos formarán grupos de trabajo en cuatro áreas clave: vías de transición, soluciones tecnológicas, políticas y financiación.
Jannuzzi y Songwe explicaron a Dialogue Earth que ya se ha invitado a algunos de estos científicos y que se ha buscado un equilibrio de género y geográfico.
“Queremos reunir a investigadores del Sur Global y del Norte Global y generar conocimientos aplicables que ayuden a los responsables de la toma de decisiones a poner en práctica sus hojas de ruta para la transición energética”, afirmó Jannuzzi. “Algunos países necesitan orientación técnica sobre cómo acelerar su transición energética, y podemos ayudarlos con nuestros conocimientos compartidos”.
Ahor están buscando activamente financiación de donantes para el panel, cuya secretaría tendrá sede en São Paulo.
¿Qué hará el Panel Científico para la Transición Energética Global?
En la COP30, más de 80 países reclamaron una hoja de ruta para la eliminación gradual de los combustibles fósiles. Dos años antes, la COP28 había culminado con un acuerdo para “abandonar los combustibles fósiles”, sin detallar cómo hacerlo. Aunque la elaboración de una hoja de ruta no se incluyó en el texto final de la COP30, la presidencia brasileña acordó seguir trabajando en ello más allá de la conferencia. Se espera que se dé a conocer una hoja de ruta global en noviembre, en la COP31 en Turquía.
Al mismo tiempo, las 57 naciones representadas en la conferencia de Santa Marta acordaron elaborar hojas de ruta nacionales para la eliminación gradual. Hasta ahora, Francia es el único país que ha publicado su hoja de ruta. La de Colombia se encuentra en preparación.
El SPGET proporcionará análisis científicos para respaldar ambas iniciativas. El primer informe, probablemente un documento de políticas a nivel mundial, se presentará en la COP31, según indicaron.
Este trabajo ya había comenzado de manera informal. Unos 400 académicos participaron en Santa Marta en una preconferencia científica, donde presentaron un informe con recomendaciones globales para la transición energética, entre las que se incluyen: prohibir nuevas infraestructuras de combustibles fósiles, eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles, reducir los costos de financiación de las energías renovables, desarrollar nuevas competencias para reubicar a los trabajadores de la industria de los combustibles fósiles y prohibir la publicidad de los combustibles fósiles.
“Existe consenso sobre las características generales que debe tener una transición energética justa”, declaró Paola Yanguas Parra, asesora de políticas del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD), a Dialogue Earth. ”El mundo académico puede marcar una dirección importante en el proceso político de las hojas de ruta, primero con Santa Marta y ahora con el panel científico”.
Antonio Hill, asesor de transición energética justa del Instituto de Gobernanza de los Recursos Naturales (NRGI), se mostró de acuerdo. “El panel puede ser un buen complemento a la arquitectura internacional que surgió para respaldar las hojas de ruta desde la COP30. Pero por sí solo no cambiará el panorama; es necesario que sucedan muchas más cosas, sobre todo en lo que respecta a las medidas gubernamentales”, declaró a Dialogue Earth.
¿Cómo interactuará con los gobiernos y otros paneles?
El principal organismo mundial de ciencia climática, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), exige a los países que aprueben cada uno de sus informes científicos. Esto ha dado lugar a un proceso políticamente controvertido, en el que algunos países intentan debilitar las recomendaciones. Para evitarlo, el SPGET no pasará por un proceso de aprobación con los gobiernos.
Aun así, colaborarán con los gobiernos, según afirmaron Jannuzzi y Songwe, y las áreas prioritarias incluso vendrán marcadas por ellos. “Nuestros informes se basarán en la demanda”, explicó Songwe a Dialogue Earth. “Esta puede provenir de gobiernos locales, regionales o nacionales, pero también de solicitudes del sector privado y de la sociedad civil”.
Hill señaló que el panel debería actuar con cautela en su forma de colaborar con los gobiernos. “Es necesario que haya un espacio en el que los gobiernos puedan explorar sin verse presionados a comprometerse. Tiene sentido evitar un enfoque prescriptivo. La relación ideal sería que los gobiernos desarrollaran la confianza suficiente para vincular las aportaciones del panel a sus políticas”, añadió.
Songwe señaló que el panel no duplicará ni replicará el trabajo ya realizado por el IPCC u otros organismos, como la Agencia Internacional de la Energía (AIE). “Estamos aquí para determinar cuáles son las vías de transición óptimas y ofrecer orientación a las partes interesadas. Y también para destacar la importancia de por qué hay que llevar a cabo la transición, mostrando el costo de la inacción”, añadió.
El objetivo general será ayudar a los países a crear y aplicar sus hojas de ruta, proporcionándoles herramientas para impulsar la electrificación, garantizar que la transición se lleve a cabo de forma justa y equitativa, y hacer que las hojas de ruta sean viables y aplicables, afirmó Jannuzzi.
Los miembros de los cuatro grupos de trabajo se reunirán periódicamente, probablemente cada mes, para elaborar sus informes. Para ello, contarán con el asesoramiento de partes interesadas no gubernamentales, como el sector privado y las poblaciones indígenas. Esto se complementará con un consejo de administración, que supervisará todo el proceso, así como con revisores externos.
¿Cuáles son los desafíos?
El panel quiere ser “mucho más rápido” que el IPCC, señaló Jannuzzi. Los informes de evaluación del IPCC pueden tardar entre cinco y siete años en completarse. “Nuestro proceso tiene que ser sólido, creíble y rápido. Somos muy conscientes de los plazos”, añadió. Esto no afectará a la calidad de los informes, afirmaron Jannuzzi y Songwe.
Si se hace bien, [el trabajo del panel] podría dar lugar a resultados sólidos. De lo contrario, podría acabar socavando la ciencia en lugar de reforzarlaPaola Yanguas Parra, asesora de políticas del IISD
Sin embargo, Yanguas Parra, aunque apoya la iniciativa, señaló que elaborar un trabajo científico riguroso lleva tiempo. “Si se hace bien, podría dar lugar a resultados sólidos”, afirmó. “De lo contrario, podría acabar socavando la ciencia en lugar de reforzarla”.
La financiación es otra cuestión pendiente. Jannuzzi reconoció que el panel se encuentra aún en una fase inicial y señaló que “no se puede hacer nada si no contamos con financiación suficiente”. Songwe confirmó que es necesario cubrir un déficit de financiación. El panel está buscando aportes de los gobiernos —incluido el de Brasil, dado que la iniciativa surgió de la presidencia de la COP30—, así como de fundaciones filantrópicas y otros donantes.
Yanguas Parra advirtió de que los científicos del Sur Global podrían acabar contribuyendo al trabajo del panel de forma no remunerada, además de sus pesadas cargas docentes, en comparación con sus homólogos de las universidades del Norte, que cuentan con abundantes recursos, lo que podría sesgar en la práctica tanto la independencia del panel como su equilibrio geográfico.
Luego está la cuestión de si los gobiernos prestarán atención. Hill recibió con satisfacción el panel como un aporte útil a la arquitectura internacional que ha surgido en torno a las hojas de ruta de transición desde la COP30, pero se mostró cauteloso respecto a sus límites.
Jannuzzi reconoció que, en la COP30, la transición energética quedó prácticamente relegada a un segundo plano porque “muchos países no están interesados en una eliminación progresiva rápida”. El grupo de expertos trabajará en ese entorno político, elaborando informes para gobiernos, muchos de los cuales parecen mantener una actitud ambivalente respecto a la transición que se pretende acelerar.
“Nuestra ambición debe ajustarse a los plazos y a los recursos de que disponemos, pero sin comprometer la calidad de los resultados”, afirmó Jannuzzi. La primera prueba tendrá lugar en noviembre, con la presentación de su primer informe en la COP31.
