Bosques

Fondo para proteger los bosques tropicales cumple un año, aún lejos de su meta

La iniciativa que busca pagar a los países por mantener sus bosques en pie ya cuenta con estatutos provisionales, una junta directiva y al Banco Mundial como anfitrión, pero aún no tiene el dinero suficiente
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<p>Trabajador cosecha asaí cultivado en sistema agroforestal en Salvaterra, estado de Pará, norte de Brasil. En 2025, el país lanzó un fondo global para proteger los bosques tropicales (Imagen: Marcelo Camargo / Agência Brasil)</p>

Trabajador cosecha asaí cultivado en sistema agroforestal en Salvaterra, estado de Pará, norte de Brasil. En 2025, el país lanzó un fondo global para proteger los bosques tropicales (Imagen: Marcelo Camargo / Agência Brasil)

Es una idea sencilla: ¿cómo se puede ayudar a los países que cuentan con los bosques más ricos en biodiversidad del mundo, pero que no tienen los recursos para protegerlos? Creando un fondo de inversión de 125 mil millones de dólares que haga que valga la pena frenar la deforestación. 

Sin embargo, un año después de la presentación del Fondo Bosques Tropicales para Siempre (TFFF) en la COP30, la cumbre climática de la ONU de 2025 celebrada en la ciudad amazónica de Belém, en Brasil, la iniciativa aún está a miles de millones de distancia de sus metas de recaudación. 

Desde que se presentó el TFFF en noviembre pasado, más de 65 países lo han respaldado. Pero solo ocho han comprometido fondos, por un total de 7.8 mil millones de dólares. La última contribución son 500 millones de dólares de los Países Bajos.

No obstante, a medida que el fondo se acerca a su primer aniversario, el ambiente entre sus impulsores en un evento del TFFF durante la conferencia de la ONU sobre biodiversidad (COP17) de este mes en Ereván, Armenia, fue de celebración. Las cerca de 200 personas presentes en la sala, entre las que se encontraban ministros, funcionarios de la ONU y representantes indígenas, aplaudieron la reelección del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva; su victoria ha eliminado la amenaza política inmediata para la selva amazónica que representaba su oponente de extrema derecha, Flavio Bolsonaro. Además, argumentaron, esto significa continuidad para el TFFF.

El fondo se ha fijado como meta recaudar 10 mil millones de dólares para fin de año, y el compromiso de Noruega de aportar 3 mil millones de dólares depende de que se alcance esa meta.

Debemos reconocer las vulnerabilidades y los aspectos que se pueden mejorar realizando ajustes sobre la marcha. De lo contrario, corremos el riesgo de perder muchos años
Mauricio Voivodic, director ejecutivo de WWF-Brasil

El TFFF ya ha establecido su estructura de gobernanza: unos estatutos provisionales y una junta directiva, además del Banco Mundial como fideicomiso y sede. Se espera que entre en funcionamiento en 2027, pero no se prevén los primeros pagos antes de 2028.

Mientras tanto, algunas de las normas que determinarán el funcionamiento del TFFF aún se están negociando. Esto incluye cómo se supervisará y sancionará la degradación forestal, en qué podrá invertir el fondo y cómo recibirán su parte las comunidades indígenas.

“Se lanzó sin ser infalible”, declaró Mauricio Voivodic, director ejecutivo de WWF-Brasil, a Dialogue Earth. “Debemos reconocer las vulnerabilidades y los aspectos que se pueden mejorar realizando ajustes sobre la marcha. De lo contrario, corremos el riesgo de perder muchos años. El TFFF tiene un potencial real para cambiar las reglas del juego”.

Un fondo que va tomando forma

Los bosques tropicales son vitales para la biodiversidad y el ciclo del agua. Solo la cuenca del Amazonas, la cuenca del Congo y Borneo albergan alrededor del 78 % de los bosques tropicales que quedan en el mundo. Son vitales para la biodiversidad y el ciclo del agua. Sin embargo, enfrentan un déficit financiero. 

Para 2030, los países con bosques tropicales necesitarán una inversión total de 67 mil millones de dólares al año, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente: 33 mil millones de dólares para la reforestación, 18 mil millones de dólares para la agrosilvicultura y 16 mil millones de dólares para la conservación.

El TFFF se creó para abordar esa brecha. A diferencia del financiamiento convencional para la conservación, que depende en gran medida de donaciones, su objetivo es generar ingresos a partir de los mercados financieros a lo largo de muchos años.

“Está diseñado para funcionar en conjunto con otros mecanismos”, explicó Torbjørn Gjefsen, asesor de política climática de la Fundación Rainforest de Noruega, a Dialogue Earth. “Pagará a los países por los bosques en pie, lo cual es algo nuevo y que se echa mucho de menos en el panorama de las finanzas forestales”.

Los gobiernos y las organizaciones filantrópicas aportarían 25 mil millones de dólares en préstamos a largo plazo, que se pagarían a lo largo de décadas. Los inversionistas privados sumarían 100 mil millones de dólares al comprar bonos emitidos por el fondo, los cuales ofrecen un rendimiento fijo. 

La suma total de 125 mil millones de dólares se invertiría en otros activos de renta fija, como bonos gubernamentales y corporativos de mercados emergentes. Si esas inversiones generan más de lo que el fondo debe en intereses, el excedente se pagaría cada año a los países con bosques. Se prevé que ese excedente alcance un valor de miles de millones de dólares.

Sin embargo, a los países solo se les paga si los rendimientos se mantienen por encima de los propios costos del fondo. Y cualquier déficit en el pago de esos costos se cubriría utilizando el dinero prestado por los gobiernos.

Bajo este esquema, los países con bosques tropicales que cumplan los requisitos recibirían hasta 4 dólares al año por cada hectárea de bosque en pie (medida por satélite), de los cuales al menos el 20% debe destinarse a los pueblos indígenas y las comunidades locales. Por el contrario, los pagos se reducirían a medida que aumentaran la deforestación y la degradación forestal. 

El mecanismo operará a través de dos entidades vinculadas. El Fondo de Inversión en Bosques Tropicales (TFIF), con sede en Luxemburgo, administrará las inversiones. El TFFF supervisará la presentación de informes y distribuirá los pagos. Por el momento, el Banco Mundial alberga su secretaría.

Los países que hasta ahora han comprometido fondos son Brasil, Indonesia, Noruega, Alemania, Francia, Luxemburgo, el Reino Unido y los Países Bajos. Es posible que más países se sumen en las próximas semanas. Los copresidentes de la TFFF afirmaron en el evento de la COP17 que confían en alcanzar los 10 mil millones de dólares para fin de año. Fuentes sostuvieron a Dialogue Earth que Corea del Sur, Canadá y Japón podrían ser los siguientes.

Anita de Horde, directora ejecutiva de la Fundación Finance for Biodiversity, espera que los inversionistas privados se sumen una vez que la estructura esté completamente establecida. Un grupo de 34 instituciones financieras y organizaciones, entre las que se incluyen Allianz Global Investors y Deutsche Bank, firmó este año una declaración de apoyo, aunque no se trata de compromisos de inversión.

“Lo que lo hace único es que combina escala e impacto con un rendimiento financiero. Los inversionistas institucionales administran fondos en nombre de clientes, titulares de pensiones y propietarios de activos, por lo que necesitan un rendimiento. Por eso ha tenido tan buena acogida”, explicó de Horde a Dialogue Earth en la COP17.

Los retos por delante

A pesar de que el concepto es sencillo, el éxito del programa dependerá de las reglas que aún se están definiendo.

Según el diseño, el pago anual de 4 dólares por hectárea de bosque en pie funciona junto con una deducción por penalización por cada hectárea de bosque que se pierda, lo cual anula el pago correspondiente a 100 hectáreas de bosque en pie; en otras palabras, una penalización de 400 dólares por hectárea. “Nadie detendrá la deforestación por recibir cuatro dólares, pero otros lo harán debido a la deducción por penalización”, declaró Félix Finkbeiner, fundador de la ONG Plant-for-the-Planet, a Dialogue Earth en la COP17. “El incentivo es el dinero que no están recibiendo”. 

La penalización se duplica para pérdidas que superen una tasa de deforestación anual del 0,3%. Este mecanismo solo puede reducir lo que recibe un país, no dejarlo en deuda. 

Voivodic reconoció que el pago no puede competir con las ganancias de la ganadería o la soja. Pero también señaló que el monto total que un país podría recibir seguiría siendo “algo que no pueden ignorar”.

La ONG ambientalista WWF ha realizado cálculos y preparado hojas informativas para los países tropicales con el fin de mostrar lo que podrían recibir. Surinam, por ejemplo, podría obtener entre 42 y 46 millones de dólares al año, según las estimaciones, si el fondo alcanza los 125 mil millones de dólares. Esto contrasta con los aproximadamente 2 millones de dólares anuales que recibe actualmente en ayuda bilateral para la biodiversidad. “Una vez que los países comiencen a recibir estos fondos, habrá mucha presión para evitar y reducir la deforestación”, señaló Voivodic.

Con tanto dinero en juego, la forma en que se mida la pérdida de bosques será fundamental. Tal como está diseñado actualmente, el fondo solo penaliza la degradación causada por incendios. “La degradación causada por incendios es más fácil de monitorear que otras formas”, explicó Finkbeiner, y agregó que solo representa alrededor de un tercio de toda la pérdida de bosques. Ignorar las otras causas “es un mal incentivo para los países”.

Voivodic está de acuerdo, pero señaló que no existe una metodología global lo suficientemente confiable como para usarla de inmediato. Esperar a que se desarrolle una tomaría años.

Los participantes asisten a un evento paralelo del TFFF en la COP17 del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica en Ereván, Armenia
Los participantes asisten a un evento paralelo del TFFF en la COP17 del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica en Ereván, Armenia, en octubre de 2026. Más de 65 países han respaldado el fondo desde su presentación, pero solo ocho han comprometido fondos (Imagen: CBD COP17 Yerevan Armenia / Flickr, CC BY NC)

Será importante hacer las cosas bien desde el principio, ya que la mayoría de las decisiones futuras de la junta directiva requerirán una mayoría de dos tercios. Los donantes y los países con selvas tropicales tendrán el mismo número de votos. Cambiar el método para medir la deforestación en el futuro crearía ganadores y perdedores, señaló Finkbeiner: “Se puede obtener una mayoría en la mayoría de los casos, pero será complicado”.

Por ello, Plant-for-the-Planet ha sugerido que el panel asesor científico pueda proponer nuevos métodos de medición. La junta directiva podría vetarlos, pero no tendría que aprobarlos, lo que permitiría que un método se aplicara sin necesidad de una votación a su favor. Los estatutos actuales solo abarcan la fase de preparación y deben actualizarse antes de que el fondo entre en vigor, momento en el que se podría incorporar dicho cambio.

Los criterios de inversión del fondo también se están definiendo. Finkbeiner señaló que los principios generales ya están establecidos: no se debe invertir dinero en actividades que provoquen la deforestación o la extracción de combustibles fósiles. “Pero los detalles son muy importantes”, agrega.

De Horde señaló que los inversionistas están presionando para que se establezcan salvaguardias que vayan más allá de la deforestación. Quieren que los controles sociales y ambientales se apliquen a toda la empresa a la que el fondo le compra bonos, no solo al proyecto que se financia con ese dinero: “Están alineados con el mundo de las ONG”. 

Valentina Figuera Martínez, quien coordina la campaña de justicia de género y bosques de la Coalición Global por los Bosques, no se siente tranquila. No está claro que las empresas extractivas vayan a quedar excluidas de la cartera, le dijo a Dialogue Earth: “Al mismo tiempo que financias a una empresa minera en el Congo, estás pagando cuatro dólares por hectárea de bosque en pie. Eso es contradictorio. No es sostenible”.

Empoderamiento indígena

El 20 % destinado a los pueblos indígenas y las comunidades locales es una de las características más bienvenidas del fondo. El fondo ha esbozado dos vías: cuentas nacionales supervisadas por comités comunitarios o, cuando los países estén de acuerdo, pagos a través de una agencia global. 

Finkbeiner señaló que el respeto del fondo por la soberanía nacional tiene sentido, pero que la supervisión seguiría siendo necesaria: “No queremos que los gobiernos usen el dinero del TFFF para elegir a sus comunidades favoritas y excluir a otras”.

Las organizaciones indígenas, incluida la Alianza Global de Comunidades Territoriales, ayudaron a diseñar el fondo, pero, como señala Figuera Martínez, su papel es meramente consultivo. Se supone que las comunidades deben tener voz y voto sobre cómo se gasta su parte, pero sus representantes no tienen derecho a voto en la junta directiva. En su intervención en la Semana de Acción Climática de Londres en septiembre, el viceministro de Pueblos Indígenas de Brasil, Marcos Kaingang, dijo que se estaban llevando a cabo consultas sobre la gobernanza y los criterios para gastar los pagos.

Las diferencias políticas seguirán, inevitablemente, creando obstáculos para el trabajo del TFFF a medida que pasen los años. La reelección del presidente Lula en Brasil ha aliviado gran parte de esa preocupación por ahora, aunque, en opinión de Voivodic, el fondo está diseñado precisamente para el tipo de gobierno que no está de acuerdo: “Si tenemos un gobierno que va en contra del medio ambiente, es aún más importante contar con el TFFF. Necesitamos un mecanismo financiero fuerte y sólido para frenar la deforestación, incluso si no hay voluntad política”.

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