Clima Una América Latina fragmentada se dirige a la COP31 en Antalya Aunque su panorama político ha cambiado desde que fue sede de la cumbre climática de la ONU el año pasado, la región debe avanzar en materia de financiamiento, energía y deforestación Español Español English Compartir este artículo × Copy link to page Copy link to page × Republica este artículo Te invitamos a volver a publicar los artículos de Dialogue Earth, en línea o impresos, bajo licencia Creative Commons. Conoce nuestras políticas de republicación. Un incendio forestal en la Amazonía brasileña. Varios líderes latinoamericanos que asistieron a la COP30 el año pasado —y que desempeñaron un papel fundamental en el avance de la agenda ambiental— han dejado sus cargos, llevándose consigo las perspectivas de una voz regional unida en la COP31 (Imagen: Amazing Aerial / Alamy) Fermín Koop, Sam Meadows Noviembre 5, 2026November 5, 2026 Latinoamérica se dirige a la cumbre climática de la ONU de este año con menos respaldo político para la agenda que impulsó hace un año en Brasil. Muchos países latinoamericanos mostraron más unidad en la COP30 del pasado noviembre, celebrada en la ciudad amazónica de Belém, que en años anteriores. Estas alianzas impulsaron una mayor ambición en áreas como la transición energética, la deforestación y el financiamiento climático. Desde entonces, algunos de los líderes clave para impulsar esa agenda han dejado sus cargos y, con ellos, cualquier perspectiva de una voz regional unida. Lee más Colombia eligió a un presidente que se comprometió a aumentar la producción de petróleo y a promover el fracking, lo que supone un giro de 180 grados respecto a la iniciativa del gobierno anterior de alejarse de los combustibles fósiles. El nuevo gobierno de Chile derogó más de 40 decretos ambientales en sus primeros meses y ha recortado los fondos destinados al Ministerio de Medioambiente y a los tratados internacionales, incluido el de Escazú. El gobierno del presidente Rodrigo Paz eliminó el Ministerio de Medioambiente de Bolivia en agosto. Acuerdo de EscazúEscazú entró en vigor en abril de 2021, convirtiéndose en el primer tratado regional de América Latina y el Caribe sobre derechos ambientales. Brasil es una excepción notable. El cuarto mandato del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que se impuso a Flávio Bolsonaro en las urnas el mes pasado, ha reafirmado al gobierno que lideró la COP30, aunque con menos aliados regionales que hace un año. Sin embargo, incluso Lula ha enfrentado críticas por apoyar la exploración de combustibles fósiles en la cuenca del río Amazonas. Lee más “Tenemos una situación política totalmente diferente a la de hace un año”, declaró Andrés Gómez, director para América Latina de la Inciativa del Tratado sobre Combustibles Fósiles, a Dialogue Earth. “Los gobiernos de extrema derecha están interesados en la idea de explotar todo lo que hay en sus territorios”. Mantener el impulso de Belém La COP31 comienza este lunes 9 de noviembre en Antalya, con Turquía como anfitrión y Australia presidiendo las negociaciones. Retomará los asuntos pendientes de Belém: dos hojas de ruta, una para abandonar los combustibles fósiles y otra para detener la deforestación; y un llamado a aumentar el financiamiento climático. Ana Toni, directora ejecutiva de la COP30, se muestra optimista. “Tengo bastante confianza en que el impulso que se generó en la COP30 continuará en la COP31”, declaró a Dialogue Earth. Lee más Turquía ha calificado la cumbre como una “COP de la implementación”, centrada en apoyar a las naciones a fin de que hagan realidad sus planes climáticos. En América Latina, la gran mayoría de los países ha presentado Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) actualizadas en el marco del Acuerdo de París en los últimos dos años. (Las NDC 3.0 debían presentarse en 2025). Argentina, Guatemala y Haití no lo han hecho. Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) En virtud del Acuerdo de París de 2015, los países deben elaborar un plan de acción para reducir sus emisiones nacionales y adaptarse a los impactos del cambio climático. Estos compromisos se conocen como Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC). Las NDC se presentan cada cinco años, y se espera que las sucesivas sean más ambiciosas que las anteriores. En conjunto, estos objetivos nacionales deben constituir un esfuerzo global coordinado para reducir la gravedad y el impacto del cambio climático. Como anfitrión de la COP, Turquía puede elegir un tema central de la agenda que desee abordar y ha optado por la electrificación. El presidente de la COP31, Murat Kurum, ha propuesto una meta global voluntaria para aumentar la proporción de la demanda final de energía cubierta por la electricidad de poco más del 20% (a junio de 2026) al 35% para 2035. En materia de energía, América Latina se sitúa cerca del promedio mundial en cuanto a electrificación: la electricidad cubre aproximadamente el 20% de su demanda final de energía. Sin embargo, su red eléctrica es mucho más limpia que la de la mayoría, ya que en 2025 el 65% de la electricidad procedía de fuentes limpias. La extracción se ha politizado en varios países. Las discusiones sobre el fracking se convirtieron en un tema central en las elecciones colombianas: el candidato ganador, Abelardo de la Espriella, presentó a los combustibles fósiles como un camino hacia la prosperidad. Alejandra López, directora de diplomacia climática del centro de estudios regional Transforma, afirma que la electrificación podría ayudar a eliminar la política de la acción climática en la región. “La electrificación, la movilidad, la seguridad energética, la creación de empleo, el transporte público: todas estas son agendas que no son políticas, ni de izquierda ni de derecha, y que no suenan como temas ambientales”, declaró a Dialogue Earth. Dos hojas de ruta a la vista Brasil, como país que ostentaba la presidencia de la COP30, buscó incluir compromisos concretos sobre la deforestación y la eliminación gradual de los combustibles fósiles en el acuerdo final de la cumbre del año pasado. Sin embargo, las diferencias entre los gobiernos hicieron que estos puntos no sobrevivieran a las negociaciones. Luego, el país anunció que elaboraría dos hojas de ruta voluntarias y las presentaría en Turquía: una sobre la eliminación gradual de los combustibles fósiles y otra sobre la deforestación y el manejo forestal sostenible. Estos documentos no pretenden ser vinculantes, pero podrían servir como marco de referencia para los gobiernos nacionales. Sudamérica perdió más bosques que cualquier otra región del mundo entre 2015 y 2025, con un promedio de 4,1 millones de hectáreas por año. Esto se debe a actividades como la agricultura, la ganadería y el desarrollo de infraestructura. Sin embargo, hay algunos casos de éxito, entre ellos que la deforestación en Brasil se encuentra actualmente en su nivel más bajo desde 1988. Aunque Sudamérica perdió más superficie forestal que cualquier otra región entre 2015 y 2025, en Brasil la deforestación se encuentra actualmente en su nivel más bajo desde 1988 (Imagen: Fernando Frazão / Agência Brasil) Sin embargo, la región también está extrayendo más combustibles fósiles: su producción de petróleo aumentó un 20% el año pasado, impulsada principalmente por Guyana y Brasil. Los países de toda la región, incluidos Argentina y Brasil, también buscan activamente expandir la extracción de petróleo y gas. Al referirse a la actual crisis en el estrecho de Ormuz, Toni argumentó que dejar de depender de los combustibles fósiles “no es solo un problema climático. Es un problema económico, es un problema político, es un problema de soberanía”. La carga financiera El paquete final de la COP30 reveló una hoja de ruta para movilizar alrededor de 1,3 billones de dólares en financiamiento climático para los países en desarrollo por año para 2035. Los países acordaron triplicar el financiamiento para la adaptación para ese año, a partir de los niveles de 2025. Basándose en la meta de Glasgow de unos 40 mil millones de dólares al año, eso significaría aproximadamente 120 mil millones de dólares. Sin embargo, los críticos han señalado que el compromiso de la COP30 carece de una línea de base definida y no especifica quién es responsable de ese aumento. Lee más “El mundo necesita con urgencia financiamiento para la adaptación a fin de prevenir los desastres y preparar a las comunidades vulnerables ante ellos, así como ante los impactos climáticos de evolución lenta”, declaró Tariye Gbadegesin, directora ejecutiva de Climate Investment Funds, a Dialogue Earth. “Actualmente, los países en desarrollo reciben un financiamiento para la adaptación que es entre 12 y 14 veces inferior a lo que necesitan”. El año pasado, Brasil también lanzó el Fondo Bosques Tropicales para Siempre. Este fondo se ha diseñado para pagar a los países a cambio de que mantengan sus bosques en pie y tiene un objetivo de recaudación de 10 mil millones de dólares para 2026. Hasta ahora, los compromisos de contribución han alcanzado casi los 8 mil millones de dólares. Sin embargo, eso aún está bastante lejos de los 125 mil millones de dólares de dotación que sus patrocinadores prevén en última instancia, aunque este año podrían anunciarse nuevos compromisos de contribución. Lee más Para la región, la pregunta también es quién paga y en qué condiciones. América Latina y el Caribe recibieron el 17% de la financiación internacional para el clima entre 2016 y 2020. Esta llegó principalmente en forma de préstamos en lugar de donaciones, lo que se sumó a unas deudas que ya son pesadas. En varios países, el servicio de la deuda supera ahora el gasto en áreas como la salud y la educación. Un bloque fragmentado En las COP sobre el clima, los países latinoamericanos negocian de manera individual y en diversos bloques, a diferencia de otras regiones, como África, que votan y ejercen presión de manera conjunta. La mayoría de las naciones forman parte de múltiples agrupaciones basadas en intereses y posiciones compartidas. Todos los países de la región forman parte desde hace tiempo del Grupo de los 77 y China, una coalición de naciones en desarrollo que opera dentro del sistema de la ONU. Por su parte, un bloque que incluye a Chile, Colombia y Panamá conforma la Asociación Independiente de Latinoamérica y el Caribe (AILAC). También existe el Grupo Sur, un bloque integrado principalmente por países del Cono Sur, así como la Alternativa Bolivariana para las Américas, que cobró importancia a finales de la década de 2000. La posibilidad que tienen América Latina y el Caribe de negociar juntos tiene un poder superior a cualquier posibilidad que podamos tener al negociar por separadoMaría Fernanda Souza, directora de cambio climático de Uruguay El resultado de estas diversas agrupaciones es que América Latina se encuentra dividida a la hora de las negociaciones. La unidad regional, como la que ha demostrado África, ha permitido, según sostienen algunos expertos, lograr resultados más efectivos. María Fernanda Souza, directora de cambio climático de Uruguay y presidenta suplente del Grupo de los 77, declaró a Dialogue Earth que la incapacidad de negociar como un bloque “ha tenido costos y sigue teniéndolos” para América Latina. “No logro identificar por qué no podemos estar más unidos”, continuó. “La posibilidad que tienen América Latina y el Caribe de negociar juntos tiene un poder superior a cualquier posibilidad que podamos tener al negociar por separado”. Lee más Souza señala que los intereses de los países del sur, que dependen en gran medida de las industrias ganadera y agrícola, son diferentes a los de las islas del Caribe, que se han visto azotadas por el cambio climático y necesitan desesperadamente fondos para adaptarse. Sin embargo, hay temas específicos en los que los países latinoamericanos deberían poder dejar de lado las diferencias políticas y unirse, dijo López. Ella identificó el financiamiento climático como uno de esos temas para la COP31: “Como no hay grandes disputas, podrán alinearse más fácilmente”. Toni cree que la división es anterior a los recientes cambios políticos de la región: “Incluso cuando había diferentes tipos de gobiernos en el poder, nunca hablamos realmente con una sola voz”. Rechazó la idea de que la región sea demasiado diversa para alinearse, y señaló que África, que vota en bloque, también cuenta con una pluralidad de países, incluidos pequeños estados insulares. “Creo que siempre es posible, y creo que es deseable”, afirmó. A López le preocupa que una presencia discreta de América Latina en la COP31 traslade esa debilidad a la COP32, que se celebrará en Etiopía: “En el momento en que se destaca a África como una región especial —una región particularmente vulnerable—, habrá quienes queden excluidos del universo de ‘somos importantes, somos vulnerables. Esa es América Latina”. 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