<p>Cosecha de cacahuetes en un proyecto agroforestal en Ceilândia, localidad vecina a la<em> favela</em> Sol Nascente, en la región de la capital de Brasil, el Distrito Federal (Image: <a href="https://pozzebom.com.br/">Fabio Pozzebom</a> / Dialogue Earth)<strong><br />
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Clima

En Brasilia, ciudadanos desarrollan sus propias soluciones contra el calor

La vida en las favelas que rodean la capital de Brasil conlleva riesgos para la salud derivados del calor extremo, un síntoma de las desigualdades globales en el acceso a los espacios verdes

Brasilia fue diseñada para ser una ciudad verde. La plantación de árboles fue un elemento tan fundamental en la planificación de la capital brasileña que se la describió como una “ciudad-parque”.

Esto queda patente en la zona céntrica privilegiada del Plano Piloto, con sus avenidas frescas y arboladas, y sus parques verdes donde los vecinos disfrutan de sus paseos.

Esta es una historia de CATCH

Esta historia forma parte del trabajo de Dialogue Earth en el proyecto Community Adaptations to City Heat (CATCH), en colaboración con la Universidad de Boston. El proyecto está financiado por Wellcome. Todo el contenido de Dialogue Earth es editorialmente independiente.
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La ciudad se construyó en tan solo 41 meses, sustituyendo la sabana conocida como Cerrado por una nueva y reluciente capital.

Pero a 30 kilómetros del Plano Piloto, en Sol Nascente, ha surgido una de las favelas (asentamientos informales) más grandes del país. Aquí, el hormigón, en lugar de la vegetación, ha sustituido al Cerrado. En el Plano Piloto, la superficie de espacios verdes por habitante asciende a una media de 138 m², según un estudio de la Universidad de Brasilia (UnB) sobre los espacios verdes urbanos publicado en 2025. Sin embargo, en algunas zonas periféricas de Brasilia, entre ellas Sol Nascente, esa cifra es de aproximadamente 6 m² —23 veces menos—. Estas zonas periféricas se caracterizan por “una vegetación limitada y mayores distancias hasta los espacios verdes”, escribe el autor del estudio.

Sol Nascente se compone principalmente de calles asfaltadas, con casas amontonadas unas encima de otras y veredas estrechas en las que apenas caben los peatones, y mucho menos los árboles. El calor es un problema enorme.

Un hombre que camina por una calle bajo el sol
Sol Nascente, una de las favelas más grandes del país, se caracteriza por sus calles asfaltadas en las que apenas se ven árboles (Imagen: Fabio Pozzebom / Dialogue Earth)
Mujer caminando por la vereda junto a un coche plateado y un cartel que dice "pare"
En comparación, la zona de Plano Piloto, en el centro de Brasilia, cuenta con parques verdes y calles arboladas (Imagen: Fabio Pozzebom / Dialogue Earth)
Man in orange shirt standing next to a tree with a graffiti wall in the background
Francisco Silva, vecino de Sol Nascente, tuvo que romper el hormigón de la entrada de su propiedad para plantar el único árbol de su calle (Imagen: Fabio Pozzebom / Dialogue Earth)

“Hay momentos en los que toda la calle está al sol y el aire no circula”, afirma Francisco Silva, vecino de Sol Nascente, mientras habla junto a su casa.

Las repercusiones para la salud de los residentes pueden ser graves. “Todo se seca mucho y me sangra la nariz”, explica este hombre de 34 años. Silva padece rinitis y bronquitis que le impiden dormir. “Si cierro la ventana, no puedo respirar; si la abro, entra viento seco y polvo”.

Durante la estación seca, lava el patio todos los días, coloca toallas húmedas por toda la casa y lleva una mascarilla antipolvo.

Para combatir el calor, Silva está haciendo reformas. El hormigón dará paso a césped y a árboles jóvenes. En la acera frente a su propiedad, ha roto el hormigón y ha plantado el único árbol de la calle: un solitario ipê, una especie común en América Latina.

Dialogue Earth consultó a Valdir Steinke, autor del estudio sobre espacios verdes públicos de 2025 y experto en paisajismo y gestión del agua de la Universidad de Brasilia. Afirma que el Distrito Federal (DF, la región que alberga a Brasilia) refleja una tendencia nacional de “espacios verdes concentrados en las zonas más prósperas, mientras que las afueras casi no cuentan con ninguno”. De hecho, la renta media per cápita de los hogares en Plano Piloto es 12 veces superior a la de Sol Nascente.

“Es un retrato crudo y sin tapujos de un modelo de segregación socioeconómica en el que la planificación urbana de las afueras ignora la naturaleza”, afirma Steinke.

Estos problemas se están agravando a medida que el cambio climático eleva las temperaturas, lo que aumenta la mortalidad y la morbilidad. En respuesta a estas preocupaciones, el gobierno está planificando un importante programa de plantación de árboles, y los residentes están recurriendo a la jardinería guerrillera donde falla la planificación urbana. Mientras intentan reverdecer Brasil, las favelas siguen creciendo.

La desigualdad verde, un desafío global

Sol Nascente surgió en la década de los noventa en terrenos rurales que habían sido ocupados ilegalmente. Hoy en día, más de 70.000 personas viven allí, en 9 km². Esta densidad de población es casi 16 veces superior a la media del Distrito Federal. Con su asfalto, su escasa vegetación y su alta concentración de residentes, la favela ofrece las condiciones ideales para la formación de islas de calor urbanas.

“El hormigón y el asfalto absorben y retienen el calor del sol de forma más eficaz que la vegetación, mientras que los árboles proporcionan frescor gracias a la sombra y la humedad”, explica Gregory Wellenius, director del Centro para el Clima y la Salud de la Universidad de Boston, en Estados Unidos.

¿Qué es el efecto isla de calor urbano?

Las ciudades suelen ser más cálidas que las zonas menos pobladas que las rodean. Esto se debe a una combinación de factores: normalmente hay menos árboles que proporcionen sombra y frescura; hay un mayor número de edificios de hormigón y ladrillos, que pueden absorber el calor; y se consume más energía, lo que produce calor residual. El resultado se conoce como efecto isla de calor urbano.

Lo que ha ocurrido en Sol Nascente sigue una tendencia global. En Nueva York y Londres, las mayores desigualdades en el acceso a los espacios verdes se dan en las afueras. En EE. UU., el 92% de los barrios pobres tienen menos árboles y son más calurosos que las zonas acomodadas, según otro estudio.

Un análisis reciente de 199 ciudades de todo el mundo concluyó que la desigualdad en el acceso a los espacios verdes está muy extendida, y que el nivel de disparidad en las ciudades del Sur Global es el doble que en el Norte Global.

“Los mapas de calor extremo se parecen mucho a los mapas de los barrios de bajos ingresos”, explica a Dialogue Earth Jeremy Hoffman, investigador de Groundwork USA, una red de organizaciones estadounidenses que trabajan por la justicia climática.

“Los puntos críticos de calor suelen coincidir con zonas caracterizadas por una mayor pobreza, un menor nivel educativo, mayores índices de enfermedades crónicas y un menor acceso a los espacios verdes”, añade.

3-30-300

En 2021, Cecil Konijnendijk, experto en bosques urbanos y catedrático honorario de la Universidad de Columbia Británica en Canadá, propuso la regla “3-30-300”. Su objetivo es combatir la desigualdad verde en las ciudades. La regla establece que cada persona debería poder ver al menos tres árboles desde su ventana y vivir en un barrio que tenga al menos un 30% de cobertura arbórea y que se encuentre a no más de 300 metros de un parque o espacio verde. Estos parámetros están diseñados para garantizar el acceso visual y físico a la naturaleza y a sus beneficios.

Woman jogging on a forest trail surrounded by trees
El parque Olhos d’Água, en Plano Piloto. La regla “3-30-300” del urbanista Cecil Konijnendijk tiene como objetivo combatir la desigualdad verde en las ciudades: cada persona debería ver al menos tres árboles desde su ventana, vivir en un barrio con al menos un 30% de cobertura arbórea y encontrarse a no más de 300 metros de un espacio verde (Imagen: Fabio Pozzebom / Dialogue Earth)

La regla ha sido adoptada por urbanistas de todo el mundo. Se utiliza ampliamente y ya sirve de guía para las políticas de plantación de árboles en Bélgica, Suecia, los Países Bajos, Estados Unidos y Canadá.

En Brasil, el Plan Nacional de Plantación de Árboles Urbanos, presentado en la conferencia climática COP30 de la ONU en 2025, se inspira en esta norma. Reconoce que la urbanización desordenada de Brasil ha provocado la fragmentación del paisaje, la deforestación y la impermeabilización del suelo con hormigón, lo que, junto con el cambio climático, repercute negativamente en la vida urbana.

Para revertir esta situación, el plan establece objetivos para 2045. Uno de ellos es aumentar la proporción de residentes con al menos tres árboles en su entorno inmediato del 45,5% al 65%, lo que proporcionaría acceso a espacios verdes a unos 40 millones de personas más. No está claro qué cambios supondría esto para Sol Nascente y Plano Piloto.

Algunos expertos cuestionan la utilidad generalizada de la regla 3-30-300. Paulina Achurra, de la plataforma educativa Arq.Futuro, advierte que los programas de ecologización no pueden ayudar en comunidades que “apenas cuentan con una acera en la que plantar un árbol”.

Según Achurra, en declaraciones realizadas durante un acto en São Paulo, “aunque faltan soluciones innovadoras que incorporen espacios verdes, estas deben ser viables de implementar en nuestras ciudades. Y estos son los retos a los que se enfrentan las ciudades del Sur Global”.

El calor extremo conlleva un riesgo extremo

Dialogue Earth consultó a Larissa Brenda Cordeiro, presidenta del Instituto Hijas de la Tierra (IFT), una organización de justicia socioambiental de Sol Nascente. Afirma que el calor de la tarde puede impedir que la organización celebre reuniones o trabaje en su oficina. Al padecer asma y fibromialgia, también nota los efectos físicos: dolores musculares y articulares. “Me siento muy mal tanto con el frío como durante los periodos de calor extremo”.

Woman with curly hair standing next to a tree on a bike path
Larissa Brenda Cordeiro, presidenta del Instituto Hijas de la Tierra (IFT), con una plántula de ipê que plantó en un parque urbano cerca de Sol Nascente. El calor agrava su asma y su fibromialgia (Imagen: Fabio Pozzebom / Dialogue Earth)

Patricia Fabian, experta en calor de la Universidad de Boston, afirma que las personas que viven en “islas de calor urbanas” están más expuestas a los efectos nocivos de las altas temperaturas: “Cuanto más caluroso es el entorno, mayor es el riesgo de que se produzcan efectos sobre la salud, como enfermedades cardiovasculares, problemas cognitivos, síntomas respiratorios e incluso la muerte”.

Las investigaciones llevadas a cabo en el área de Boston por Fabian y sus colegas han registrado diferencias de más de 10 °F (unos 5,5 °C) entre algunas comunidades. Las zonas más calurosas cuentan con escasa vegetación y una gran cantidad de superficies impermeables.

Durante la estación seca, la temperatura en algunas partes del centro de Brasilia puede alcanzar los 37,8 °C, mientras que en Ceilândia, una región administrativa del Distrito Federal que hasta 2019 incluía Sol Nascente, llega a los 46,6 °C.

Proteger y hacer crecer

Uno de los pocos espacios verdes de Sol Nascente es un vestigio del Parque Lagoinha, que ha sido deforestado gradualmente para dar lugar a asentamientos. La presencia de palmeras de buriti indica una abundancia de aguas subterráneas.

Sin embargo, está sujeto a ocupaciones ilegales y carece de infraestructuras, lo que impide el uso recreativo por parte de la población. La basura se acumula de forma desordenada, incluso en los manantiales que alimentan el río Melchior y la cuenca del Descoberto, que proporcionan más del 60% del suministro de agua del Distrito Federal.

basural frente a vegetación
Basura en uno de los pocos espacios verdes de Sol Nascente, el parque de Lagoinha. Estas palmeras de buriti son indicio de la abundancia de aguas subterráneas, pero la zona se ha ido urbanizando progresivamente (Imagen: Fabio Pozzebom / Dialogue Earth)
Humedal lleno de vegetación verde
Este manantial del Parque Lagoinha abastece al río Melchior y a la cuenca del Descoberto, que proporcionan más del 60% del suministro de agua del Distrito Federal (Imagen: Fabio Pozzebom / Dialogue Earth)

En diciembre de 2025, tras la presentación del plan nacional de arbolado urbano del gobierno, el Distrito Federal aprobó su propio plan para reducir el “déficit verde” en sus zonas periféricas. En el caso de Sol Nascente, el gobierno ha comunicado a Dialogue Earth que la plantación no podrá comenzar hasta que se solucionen problemas como las aceras estrechas y la falta de drenaje de aguas pluviales, ya que los plantones no sobrevivirían. El gobierno no especificó si estas obras se llevarían a cabo ni cuándo.

Como consecuencia, activistas como Cordeiro están recurriendo a lo que ella denomina “plantación guerrillera” en zonas como el parque de Lagoinha. Ignoran la prohibición de que los residentes planten árboles jóvenes, impuesta con el argumento de que se verían afectados las tuberías y los cables aéreos. “Hacemos la vista gorda y fingimos no haber oído nada. Si no los plantamos nosotros, ¿quién lo hará? “, pregunta.

Hoy en día, el parque es una gran zona de césped con pocos árboles autóctonos. Cordeiro espera que pueda convertirse en una zona arbolada con mesas de picnic y pistas deportivas: “Nuestro sueño es que Lagoinha se convierta en un parque del que pueda disfrutar el público, igual que en el Plano Piloto”.

Tienen un modelo a seguir para un proyecto así: en la frontera entre Sol Nascente y Ceilândia, un bosque conocido como la Floresta da Nasaré surgió de un vertedero. En 2009, la ama de casa Nasaré Francisca da Silva se encargó de limpiar una parcela de terreno público del tamaño de un campo de fútbol situada frente a su casa. A continuación, plantó un plantón. “La gente solía tirar allí todo tipo de cosas, desde escombros de construcción hasta animales muertos”, recuerda. “Lo veía desde la puerta de mi casa y me entristecía”.

Mujer regando los cultivos con una manguera
Nasaré Francisca da Silva riega los cultivos de “Floresta da Nasaré”, en Ceilândia, su proyecto agroforestal que surgió de un vertedero. (Imagen: Fabio Pozzebom / Dialogue Earth)
Cartel en portugués en una zona vallada con árboles y plantas
El compromiso de Da Silva con esta tierra quedó formalizado por el gobierno del Distrito Federal 14 años después de que ella pusiera en marcha el proyecto, lo que reduce el riesgo de expropiación, pero no da lugar a inversiones públicas (Imagen: Fabio Pozzebom / Dialogue Earth)
mono tití en un árbol
Un tití se esconde entre los árboles de la Floresta da Nasaré. El dosel arbóreo proporciona temperaturas más frescas en los días calurosos (Imagen: Fabio Pozzebom / Dialogue Earth)

De aquel plantón surgió este bosque, que ahora mantienen los vecinos, varias ONG e investigadores de la Universidad de Brasilia. El cuidado que Da Silva prestaba a ese terreno quedó formalizado en 2023 por el Distrito Federal a través del programa “Adopta una plaza”. Este programa permite a los residentes y a las empresas cuidar de los espacios públicos. La Floresta da Nasaré sigue sin recibir inversión pública, pero ahora que está reconocida oficialmente, hay menos riesgo de que el terreno sea embargado o de que el trabajo se interrumpa sin previo aviso.

En los días calurosos, bajo el dosel de los árboles sigue estando fresco. Se pueden ver animales salvajes, como titíes. “Todo el mundo es bienvenido a venir aquí y refrescarse del calor”, dice da Silva.

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