Remanso Valerio, en Argentina, se extiende a orillas del río Paraná, que se abre paso entre barrancos arcillosos. Desde este pequeño barrio a orillas del río, el Paraná se despliega marrón y vasto entre islas que parecen no terminar.
Remanso Valerio se encuentra en Rosario, en la provincia de Santa Fe, en el corazón del corredor agroexportador de Argentina: desde sus puertos, sobre el río Paraná, sale gran parte de la soja y el maíz que abastece a los mercados globales. Por esta vía fluvial circula aproximadamente el 80% del comercio exterior argentino. En ese paisaje de escala industrial, en el extremo norte de la ciudad, el barrio Remanso Valerio se aferra a la costa.
Entre los cargueros, persiste en silencio una de las últimas comunidades urbanas de pesca artesanal del país, que ha tenido que adaptar sus ritmos cotidianos a las embarcaciones y a su estela. Ahora, los planes para dragar el río y construir una urbanización a gran escala en sus orillas amenazan con transformar el paisaje. Estos planes alterarían un modo de vida que se ha mantenido durante generaciones.
“Los paisanos serios, la gente del Remanso Valerio”, como los inmortalizó el cantautor santafesino Jorge Fandermole en su canción Oración del Remanso. Las primeras familias llegaron hace más de ochenta años, amarraron sus canoas y nunca se fueron. Esa historia de arraigo y de vida junto al río fue reconstruida por investigaciones etnográficas sobre la relación de la comunidad con el territorio y las actividades pesqueras.
Hoy unas 350 familias se distribuyen en cinco hectáreas de costa. Sus casas, construidas por los propios vecinos, trepan la barranca. Los pasillos de tierra serpentean entre los desniveles. Las redes se tienden al sol junto a las canoas.





“A mí el río me dio todo”, decía Jorge Marín, conocido en el barrio como “el gran pescador”. Llevaba más de ochenta años viviendo en el Remanso. Era hijo de una de las primeras familias que llegaron a la costa. Desde su casa en lo alto de la barranca, los ojos fijos en el agua, miraba pasar los buques. “Y desde acá veo cómo los barcos se llevan todas nuestras riquezas”. Marín falleció a finales de mayo. Sus palabras, recogidas durante este reportaje, quedaron como testimonio de una de las voces más antiguas y respetadas del barrio.
Desde la década de 1990, los repetidos dragados realizados en el marco del proyecto de la Hidrovía Paraguay-Paraná han permitido el paso de buques cada vez más grandes, lo que ha consolidado a Rosario como uno de los complejos agroexportadores más importantes del mundo.
Pero esa transformación tuvo un costo para el propio río, según afirman los pescadores. El dragado puede acelerar la erosión y reducir la resiliencia de los ecosistemas marinos. Manuel Díaz, pescador veterano del barrio, lo resume sin rodeos: “Antes tirábamos un lance y sacábamos entre cien y doscientas bogas (también conocidas como boops boops). Ahora con suerte agarrás una chica”.


En junio de 2026, la empresa belga Jan De Nul se adjudicó una nueva concesión, que incluye nuevos trabajos de dragado para profundizar la vía navegable, con vigencia hasta 2051. Los expertos advierten que estas intervenciones podrían alterar aún más la dinámica natural del río, afectando a la reproducción de los peces y acelerando la erosión de las riberas. También se han planteado dudas sobre la suficiencia de las evaluaciones oficiales de impacto ambiental realizadas hasta la fecha.
Ni Jan De Nul ni la Agencia Nacional de Puertos y Navegación de Argentina (ANPYN) han respondido a las solicitudes de comentarios. Un informe gubernamental publicado en noviembre de 2025 afirmaba que se están cumpliendo las normativas medioambientales y que se están minimizando los impactos ambientales.
“Estamos convirtiendo al Paraná —un sistema complejo y vivo— en una autopista fluvial rectificada y uniforme”, dice a Dialogue Earth Cecilia Reeves, del Taller Ecologista, organización ambiental con sede en Rosario. El dragado altera los bancos de arena y las corrientes que son fundamentales para la reproducción de los peces. Para comunidades como el Remanso Valerio, el impacto es directo. “El río no es una vía de transporte para ellos. Es su casa y su plato de comida.”



El barrio también se enfrenta a un cambio significativo: Parque de la Cabecera. Este proyecto propone 2.500 nuevas viviendas para unas 15.000 personas, así como nuevas instalaciones deportivas, un centro cultural y “espacios públicos de alta calidad”. La administración provincial está ultimando actualmente los pliegos de condiciones de cara a un proceso de licitación dirigido a desarrolladores privados.
El proyecto incluye Remanso Valerio. Según informaciones, habría que reubicar a 70 familias. Las negociaciones siguen en curso, pero según se informa, dos familias ya han firmado acuerdos de reubicación.
Para los vecinos más antiguos, el proceso genera preocupación. “Yo me crié acá, es mi vida esto y no me veo viviendo en otro lado. Con el río alimentamos a nuestros hijos y nietos, les compramos los útiles”, expresa Díaz.
Carlos Rubén Caballero tiene 42 años y pesca desde los ocho. Mientras habla, sus manos desenredan los más de 300 metros de red que necesita para salir a lancear. “Esto nuevo que están haciendo fue de callado… al principio la gente estaba asustada [por tener que irse]… pero acá seguimos”, dice.
El ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, ha afirmado que el proyecto supondrá una “verdadera transformación urbana y social” para los habitantes de la zona.


Mientras, entre algunos habitantes más jóvenes aparece una mayor apertura a las transformaciones propuestas y en marcha, aunque sin renunciar al vínculo con el territorio. Agustina Olmos, una joven de 26 años, hija y nieta de pescadores, sostiene: “Si me dan la oportunidad de reubicarme, me reubico, pero irme de acá, no”.
La tensión que atraviesa al Remanso Valerio refleja un conflicto que se repite a lo largo de ríos y costas en distintas partes del mundo.
Lo que está en juego en este barrio no es solo la memoria de una comunidad. Es historia viva: la continuidad de una relación profunda con el río que durante generaciones organizó formas de trabajo, vínculos y un saber transmitido entre generaciones que todavía modela la vida cotidiana del barrio.


