El sol golpea con fuerza en Cieneguillo, un valle agrícola ubicado en la costa norte del Perú, famoso por sus plantaciones de limones y mangos de exportación. El agricultor Yhon Silupú Córdova —flaco, andar pausado y rostro tostado— recorre su parcela en silencio, hasta que se detiene y señala: “Estas dos hectáreas las perdí por la sequía. No las he vuelto a recuperar”, dice a Dialogue Earth.
En términos económicos, la pérdida representó para Silupú cerca de 33.000 soles (unos 10.000 dólares). Su historia refleja un fenómeno que se repite en distintas regiones del mundo: los sistemas productivos enfrentan ahora un clima más extremo y una desigual gestión del agua. En Cieneguillo, una de las peores sequías de las últimas décadas desencadenó una crisis hídrica en 2024 que afectó a unos 6.000 agricultores de este valle piurano.
El impacto se extendió a toda la región de Piura. Según estimaciones de la Cámara de Comercio, la sequía provocó pérdidas económicas de hasta 1.300 millones de soles y puso en riesgo cerca de 60.000 empleos. Cultivos clave para la exportación —arroz, mango, limón y uva— estuvieron entre los más afectados.
En zonas urbanas, familias esperaban con baldes la llegada de cisternas; en el campo, agricultores se disputaban el acceso al recurso; incluso el Ejército peruano fue desplegado para custodiar el drenaje que abastece de agua a Piura y así evitar potenciales robos del recurso hídrico.
La disminución de las precipitaciones contribuyó a la crisis, pero muchos señalan también las deficiencias del sistema de abastecimiento de agua. Por ejemplo, según el Plan Hidráulico de la región Piura, de las más de 725.000 hectáreas con potencial productivo, apenas unas 270.000 están en uso. El 63% restante permanece improductivo por falta de disponibilidad hídrica, advierte el documento.
La crisis hídrica también ha puesto de manifiesto profundas asimetrías en el acceso al recurso. Una investigación publicada en 2024 reveló que, a pesar de la creciente escasez de agua, las grandes empresas agrícolas de exportación habían recibido el 93% de las licencias de agua concedidas en Piura desde 2010.
A más de un año de la emergencia, las soluciones estructurales siguen pendientes. Según la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento en Piura, la demanda de agua potable en la región alcanza los 2.400 litros por segundo, pero la producción efectiva —proveniente de la Planta de Tratamiento de Curumuy, que recibe agua de Poechos, y de unos 30 pozos subterráneos— apenas llega a 1.500 litros por segundo. Esa brecha obliga a miles de familias a vivir sin acceso continuo al agua o a recurrir a prácticas extremas, como excavar huecos en busca del recurso.
China y el norte peruano
En diciembre de 2025, el gobierno peruano anunció que China había ganado una licitación internacional para realizar los estudios iniciales de dos megaproyectos hidráulicos en la región: Alto Piura y la revitalización del Poechos. Ambos tienen como objetivo garantizar el acceso al agua, pero llevan décadas de retraso.
Ambos proyectos arrastran décadas de postergación. Para Mario Montero, docente de la Universidad Nacional de Piura (UNP) y especialista en gestión hídrica, el principal obstáculo no ha sido técnico, sino político. “Todos los años se anuncia presupuesto para que avancen, pero no lo hacen”, afirma a Dialogue Earth.
Pero la relación entre Piura y China va más allá: la región peruana es uno de los principales polos agroexportadores del Perú, con envíos de mango, limón, palta y uva hacia Estados Unidos, Europa y, de manera creciente, Asia. El año pasado, por ejemplo, una empresa piurana exportó por primera vez palta congelada a China. Solo en 2025, el mercado chino fue el segundo destino, después de Estados Unidos, de las exportaciones piuranas.
Esa relación también se expresa en inversiones chinas en otros sectores estratégicos. En la sierra de Piura, el grupo minero Zijin —uno de los mayores conglomerados del sector a nivel mundial— impulsa el proyecto minero Río Blanco.
Poechos, ¿en camino a la recuperación?
El reservorio de Poechos cumplirá 50 años en junio. Diseñado para almacenar hasta mil millones de metros cúbicos, hoy su capacidad efectiva se ha reducido a menos de la mitad. Aun así, sigue siendo una pieza clave: abastece de agua a cerca de un millón de personas y permite irrigar más de 100.000 hectáreas agrícolas.
“Se trata del reservorio más grande del Perú que asegura la cadena alimentaria local y de exportación”, dice a Dialogue Earth Antonio Valdiviezo, director regional de Agricultura. “Su recuperación dependerá del trabajo articulado de todas las autoridades peruanas”, añadió.
Para ello, existen varias alternativas técnicas: dragado mecánico, reservorios satélites, recrecimiento del embalse o dragado hidráulico. Cualquiera de ellas requerirá inversiones millonarias.
Más allá de la alternativa que se elija, el economista Miguel Zapata, integrante del Instituto Regional de Apoyo a la Gestión de Recursos Hídricos (Irager), advierte a Dialogue Earth que el éxito del afianzamiento de Poechos dependerá de factores políticos e institucionales. Zapata explica que definir la propuesta definitiva llevará gran parte de este año y que el gobierno querrá asegurarse de que está protegido, tanto jurídica como financieramente. “La ejecución no será inmediata. Se necesita una hoja de ruta administrativa rigurosa. Es fundamental contar con un contrato sólido que contemple vicios ocultos y causales de fuerza mayor, para evitar que el proyecto termine en arbitrajes internacionales que el Estado peruano suele perder”, señala.
Zapata también señala que proyectos similares se han estancado en el pasado debido a problemas de financiación, por lo que es necesario asegurarla desde el principio para evitar paralizaciones en la construcción.
Perú se encuentra actualmente en plena campaña electoral presidencial, y la segunda vuelta está prevista para el 7 de junio. Montero señala que esto también podría afectar al proyecto: “A veces, por el cambio de gobierno, las obras se paralizan”.
Alto Piura: agua y energía
El segundo megaproyecto es el Proyecto Especial de Irrigación e Hidroenergético Alto Piura (Peihap), que contempla la construcción de una presa, un túnel trasandino, infraestructura de riego para 19.000 nuevas hectáreas, la mejora del Valle Viejo y dos centrales hidroeléctricas. En conjunto, permitirá irrigar hasta 50.000 hectáreas y generar 300 megavatios de energía, configurándose como una de las intervenciones hidráulicas más ambiciosas del norte peruano.
Se debe aprovechar toda la experiencia de China en soluciones hídricasPaul Viñas, biólogo especialista en gestión hídrica
Sin embargo, Peihap ya ha pasado por dos contratistas internacionales y un proceso de arbitraje. El gobierno chino podría encontrarse con un gran reto a la hora de asumir este proyecto.
Zapata señala que el hecho de que esté bajo un convenio gobierno a gobierno ya “es un avance”, pero se debe “establecer una hoja de ruta para el proyecto”. El gobierno chino podría encontrarse con un gran reto a la hora de asumir este proyecto.
“Se debe aprovechar toda la experiencia de China en soluciones hídricas”, señala a Dialogue Earth Paul Viñas, biólogo especialista en gestión hídrica de la UNP. “Pero la ingeniería debe ir de la mano con las soluciones basadas en la naturaleza. Por ejemplo, hay que recuperar los bosques de la cuenca alta del Alto Piura, que sirven como reguladores de las lluvias”, indica.
Dialogue Earth solicitó una entrevista formal con voceros de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), pero dijeron que no brindarían declaraciones sobre el tema del manejo hídrico en el norte peruano. También se intentó entrevistar a representantes del Ministerio de Agricultura y Riego, pero hasta el cierre del artículo no fue posible.
Lejos de los estudios técnicos y los anuncios oficiales, la crisis sigue latente en el norte peruano. Al atardecer, Yhon Silupú recorre su parcela en Cieneguillo: el suelo aún seco, las plantas de limón sin rebrote en las dos hectáreas que perdió. Para él, las promesas de presas y túneles siguen siendo remotas. “El agua es urgente para nosotros”, sentencia.


