Seis músicos, vestidos con mamelucos de trabajo, tocan ritmos intrigantes desde un andamio. Debajo, una pantalla muestra una torre de perforación petrolera en funcionamiento frente a una pileta de lona, representando los estanques donde se almacena el agua necesaria para la fracturación hidráulica.
Todo esto sucede en Geonnitus, una instalación artística y audiovisual que busca dar vida a Vaca Muerta, el mayor yacimiento de petróleo y gas no convencional de Argentina y uno de los más grandes del mundo.
El arte se ha inspirado en la naturaleza desde tiempos inmemorables: se cree que un mural de 11 mil años de antigüedad que representa un volcán en Çatalhöyük, en la actual Turquía, es la pintura paisajística más antigua del mundo.
A medida que la magnitud de la crisis climática se vuelve abrumadora, un movimiento creciente de artistas latinoamericanos está utilizando su obra para recuperar una sensación de control. Geonnitus, que se expuso en marzo en el Centro de Experimentación del Teatro Colón en Buenos Aires, forma parte de esta corriente que se pregunta: ¿puede lo que la especie humana le está haciendo a la naturaleza traducirse en arte?
Desde el corazón petrolero en la Patagonia
Geonnitus se presentó durante ocho noches de marzo. En 2024 y 2025 ya había tenido funciones en otra locación. El proyecto fue ideado y producido por Proyecto ECO ECO, de Marina Aizen, Pablo Schanton y Daniel Borrelli Azara; y creado y dirigido por los artistas Javier Areal Vélez, Cecilia Castro, Florencia Curci, Julián D’Angiolillo y Leonello Zambon.
Hay trombones, cornos, una tuba y percusión. Pero Geonnitus no se queda solo en los sonidos de la industria extractiva, sino que estos se mezclan y enlazan con los sonidos de la naturaleza y la población: el viento patagónico, animales como cabras y aves, el chirrido de una hamaca, la música que escuchan quienes trabajan en la zona.
“Geonnitus es un neologismo sobre los ruidos que aturden a la tierra: el tinnitus del que padece nuestro planeta”, se lee en el programa de la instalación. “Es casi un réquiem a la tierra”, dice Aizen, periodista y figura central del proyecto.
Durante los últimos quince años, Vaca Muerta ha ocupado un lugar central en el debate público en Argentina. Sus defensores destacan su potencial para impulsar el crecimiento económico y generar empleo. Las críticas, en cambio, se centran en los impactos ambientales de la extracción de hidrocarburos, los sismos asociados al fracking y la necesidad de avanzar hacia una transición energética basada en energías renovables.
Es en medio de estos discursos donde nació Geonnitus: “La idea de mostrar el impacto del fracking a través del arte surgió para desmarcarnos de los encuadres establecidos por la prensa, la industria e incluso las ONG: tratar de tener un lenguaje propio que pueda hacer sentir los efectos de la explotación de hidrocarburos no convencionales”, asegura Aizen.
El desafío de esta obra inmersiva era grande: lograr que los espectadores se adentraran en el mundo, para la mayoría desconocido, de la fracturación hidráulica en un rincón recóndito de la Patagonia argentina. “Geonnitus agrega una dimensión de paisaje, de daño, de ruido y de ambiente que ningún discurso ni palabra escrita u oral puede por sí sola alcanzar”, dice Aizen.
Un desafío similar enfrentó Petróleo, una obra de teatro del colectivo de autoras y actrices argentino Piel de Lava. Esta, la quinta creación del grupo artístico, se estrenó en 2018 y fue un éxito rotundo: estuvo en cartel hasta 2024 y en 2025 volvieron por unas pocas funciones. La trama tiene como protagonistas a cuatro empleados que conviven en un trailer a metros de un pozo de petróleo en la Patagonia.
La soledad, el viento, la incertidumbre de si hay o no más recursos que sacar de ese pozo, pero también el humor, son claves en la historia. En este caso, el punto de partida no fueron los hidrocarburos, sino el deseo de interpretar a varones y romper con ciertos estereotipos de género. “La idea del petróleo vino después, porque queríamos un mundo que fuera puramente masculino, y en el mundo del petróleo no hay mujeres”, dijo Pilar Gamboa, actriz, autora y parte de Piel de Lava al medio Infobae.
Crear desde la destrucción en Brasil
En Brasil, el autodenominado “artivista” Mundano afirma que su trabajo medioambiental surge de un sentimiento de impotencia ante la crisis. “En medio de toda esta crisis climática que estamos viviendo, es imposible no sentirme ansioso”, afirma. “Por eso le doy tanta importancia al arte, que es donde consigo sentirme menos impotente y dar rienda suelta a mis angustias respecto a nuestro futuro”.
Su obra busca crear a partir de la destrucción. Pinta con cenizas de los incendios forestales de la Amazonía, petróleo derramado en playas y barro recogido tras inundaciones en el sur de Brasil.
Así nació Cinzas da Floresta (Cenizas del Bosque, en español), una película documental que sigue a Mundano mientras viaja por Brasil recogiendo cenizas de incendios forestales para crear una obra de arte. El resultado final fue el mural O brigadista da floresta, la figura de un bombero voluntario que apaga incendios forestales, pintado en un edificio de São Paulo en 2021.
Desde entonces, Cinzas da Floresta también es un festival que reúne obras de distintos artistas realizadas con cenizas de incendios forestales. El pasado noviembre, la exposición itinerante se hizo presente en Belém, ciudad amazónica donde tuvo lugar la cumbre climática de Naciones Unidas COP30, con más de 300 obras.
También en la COP30, Mundano se unió a Greenpeace para exigirle a los líderes mundiales más acción por los bosques de todo el mundo. Con cenizas de incendios que afectaron durante 2024 a la tierra indígena Anambé, en la Amazonía, el artista creó una obra con el mensaje “COP30: Rise for Forests” (“COP30: de pie por los bosques”, en español). “He recorrido bosques quemados, y la tristeza que se respira allí es profunda. Por eso, durante los últimos cuatro años, he estado llevando estas cenizas como un llamado para convertir los bosques quemados en bosques en pie”, dijo Mundano desde la cumbre.
Arte, transición energética y justicia climática en el Caribe
La música también puede ser el lenguaje para exigir mayor justicia climática. Ese es el caso de la canción Cielo Azul, proyecto musical que reúne a artistas de cinco países caribeños unidos por su cultura y el deseo de una transición energética justa.
“Queremos que esta canción conecte desde la identidad y la esperanza, pero también que active una conversación urgente sobre el futuro energético del Caribe. No es solo una canción, es una invitación a imaginar y construir otro camino”, afirma Carolina Sánchez, vocera de la Red del Gran Caribe Libre de Fósiles, una coalición de organizaciones de más de una decena de países que impulsó el proyecto junto al sello discográfico costarricense We Could Be Music.
Cielo Azul reúne a Bomba Estéreo (Colombia), J Noa (República Dominicana), Baha Men (Bahamas) y Walshy Fire (Jamaica), bajo la producción de Trooko (Honduras) en una mezcla de ritmos caribeños: champeta, cumbia, reggaetón, junkanoo, soca y hip hop. En su letra, el tema musical hace una advertencia: “que no solo nos quede la foto de lo lindo que era el Caribe”.
En un contexto de proliferación de proyectos de petróleo y gas en países como Guyana y Surinam, y exploración en Honduras, esta frase es un aviso de alerta.
“Estamos viendo un cambio claro: una nueva generación de artistas que no se conforma con hacer hits, sino que quiere que su música signifique algo. Cielo Azul es parte de ese movimiento”, explica Mia Paz Cambronero, fundadora y directora de We Could Be Music.
Resistencia colectiva
Incluso las organizaciones tradicionales están recurriendo al arte para complementar su labor y defender la causa climática de forma más creativa.
La ONG chilena FIMA, especializada en derecho y acceso a la justicia, lanzó una convocatoria de artes visuales y escritura creativa para Surgencia, una nueva revista anual que abordará la crisis climática desde el cruce entre el arte y la reflexión jurídica. La organización busca obras que trabajen sobre las decisiones de la Corte Internacional de Justicia sobre cambio climático y la responsabilidad de los Estados frente a la crisis, tras su dictamen en julio de 2025.
“Hay algo bello en la resistencia colectiva que se produce en torno a la crisis”, dice Ezio Costa, director ejecutivo de FIMA. “Incluso en la propia crisis y sus consecuencias puede haber belleza: ahí es donde intervienen los y las artistas con los filtros de sus observaciones”.
Aizen coincide con lo positivo de que haya nuevas miradas: “Nuestro proyecto surgió de la necesidad de incorporar nuevos lenguajes a la discusión sobre los hidrocarburos. Estamos trayendo, a través de prácticas artísticas, una nueva forma de ver Vaca Muerta”.

