Clima Medellín reverdeció para mantenerse fresca, pero el calor avanza más rápido La segunda ciudad más grande de Colombia creó corredores verdes en la década pasada. Ahora, el cambio climático y el crecimiento urbano exigen un enfoque diferente Español Español English Compartir este artículo × Copy link to page Copy link to page × Republica este artículo Te invitamos a volver a publicar los artículos de Dialogue Earth, en línea o impresos, bajo licencia Creative Commons. Conoce nuestras políticas de republicación. Vecinos disfrutan de un corredor verde en el barrio de Laureles, en el centro de Medellín, Colombia. Durante los últimos 18 años, Medellín ha promovido la plantación de árboles, lo que ha ayudado a mantener fresca la ciudad y le ha dado reconocimiento internacional (Imagen: Daniel Romero / VWPics / Alamy) Oscar Parra Octubre 8, 2026October 8, 2026 Al mediodía en verano, la Avenida Oriental suele estar congestionada en ambas direcciones, con las aceras repletas de vendedores ambulantes que ofrecen comida y ropa. En medio del calor, los conductores y peatones buscan la sombra de los árboles que forman tres largas hileras a los lados y en el centro de esta avenida, una de las calles principales que atraviesan el centro de Medellín. Durante los últimos 18 años, Medellín ha promovido la plantación de árboles, lo que ha ayudado a mantener fresca a la población y le ha valido reconocimiento internacional. Muchas ciudades están recurriendo a los árboles en busca de sombra y otros beneficios a medida que el mundo se calienta, pero Medellín ha sido una de las primeras en adoptar esta práctica y un líder entusiasta. Lee más Los proyectos de plantación de árboles comenzaron en 2008, cuando la alcaldía de la ciudad le pidió al Jardín Botánico de Medellín que identificara las especies más adecuadas. Se seleccionaron plantas endémicas y de zonas bajas, secas y cálidas, capaces de adaptarse al ambiente urbano, y se estableció una meta de 880.000 árboles. El proyecto más grande de todos fue el de los Corredores Verdes de la ciudad, que promueve la plantación de especies adaptadas al entorno urbano en espacios públicos para mitigar el aumento de las temperaturas. El gobierno de la segunda ciudad más poblada de Colombia ha invertido 165 millones de dólares en plantar árboles a lo largo de vías como la Avenida Oriental, que conecta el barrio de San Diego con el centro de la ciudad. Desde que comenzó el proyecto en 2016, 18 ejes viales y 12 corredores de fuentes hídricas se han convertido en corredores verdes. Sin embargo, esta plantación de árboles no ha llegado a los 4 millones de habitantes del área metropolitana de Medellín, y a medida que las temperaturas globales se disparan, la ciudad no ha sido inmune. Los expertos advierten que se debe hacer mucho más para abordar los efectos del cambio climático, especialmente en las zonas donde viven y trabajan las personas más vulnerables. La Avenida Oriental es uno de los 18 ejes viales y 12 vías fluviales que se han convertido en corredores verdes desde 2016. Sin embargo, los expertos advierten que aún queda mucho por hacer para hacer frente a los efectos del cambio climático (Imagen: Daniel Romero / VWPics / Alamy) Un esfuerzo insuficiente Gloria Morales vive con su familia en el barrio de Villa Sofía, en las laderas del valle donde se encuentra Robledo, la segunda comuna más poblada de las 16 que componen Medellín, con unos 200 mil habitantes. Es una zona en la que se encuentran varias sedes universitarias y barrios populares con calles estrechas que suben la montaña y pequeños negocios como panaderías y tiendas de barrio. Predomina el gris del cemento: casi no hay zonas verdes ni árboles que ofrezcan sombra bajo el sol del mediodía. El barrio Villa Sofía, al igual que gran parte de Robledo, creció durante la segunda mitad del siglo pasado sin planificación urbana, incluso mediante construcciones ilegales, invasiones de terrenos y obras con normas mínimas de construcción. El barrio de Robledo, en el norte de Medellín. El sur de la ciudad cuenta con menos árboles (Imagen: Iván Erre Jota / Flickr, CC BY SA) Gloria cuenta que desde mayo de 2026 el calor se volvió más agobiante dentro de su casa, donde viven diez personas, incluidos sus nietos, de dos años y diez meses, respectivamente. Eso fue un mes antes de que se declarara oficialmente el fenómeno climático de El Niño, que trae consigo temperaturas más altas. El Niño y La Niña El Niño es un patrón climático en el que las aguas superficiales del centro-este del océano Pacífico tropical se calientan hasta alcanzar temperaturas significativamente superiores a la media. Esto afecta a los patrones de precipitaciones y al clima en todo el mundo, elevando las temperaturas a nivel global mientras dura el fenómeno. El Niño forma parte de un fenómeno denominado Oscilación del Sur El Niño (Enso). Los episodios de El Niño no se producen con regularidad, pero suele suceder cada dos a siete años. La fase opuesta, más fría, se denomina La Niña.Durante La Niña, se registran temperaturas del mar más frías de lo habitual en el Pacífico ecuatorial central y oriental. Al igual que El Niño, afecta a los patrones de precipitaciones y a la presión atmosférica en todo el mundo. Y esto a pesar de que la casa está a la sombra de otros edificios. “A la casa no le da el sol, pero en las tardes todo se pone insoportable. Los bebés se ‘brotan’ —les sale sarpullido— por el calor y tenemos que bañarlos varias veces porque no aguantan”, dice. Esta es una historia de CATCHEsta historia forma parte del trabajo de Dialogue Earth en el proyecto Community Adaptations to City Heat (CATCH), en colaboración con la Universidad de Boston. El proyecto está financiado por Wellcome. Todo el contenido de Dialogue Earth es editorialmente independiente.Lee más aquí. Al igual que la mayoría de las familias de la comuna, su casa no tiene aire acondicionado. “Eso es caro y el pago de la energía saldría carísimo. No nos da para tener esos gastos”. Estas quejas son muy comunes en Medellín. Este año se rompió el récord de la temperatura más alta jamás registrada en el mes de mayo (33,8 °C) y luego nuevamente en julio (34,5 °C). Los árboles pueden ayudar a mantener la temperatura más fresca, pero Robledo, donde vive Gloria, no se ha beneficiado mucho de la plantación de árboles en la ciudad. La plataforma SAU de la alcaldía confirma que los árboles se concentran en el sur y son menos comunes en las laderas del norte y en algunas zonas del centro de la ciudad. El barrio de Villa Sofía no cuenta con corredores verdes. Sin sombra, sin justicia Alejandro Álvarez Vanegas, profesor de la Universidad EAFIT y doctor en Educación Superior para el Desarrollo Sostenible, le dijo a Dialogue Earth que existe una gran desigualdad en la distribución de la vegetación: mientras el sur, asociado a comunas de mayores ingresos, tiene un amplio componente verde, el norte y las laderas nororiental y noroccidental presentan una situación muy distinta. (Fuente de datos: Álvarez López y Zapata Henao, 2025; Mapa: Dialogue Earth) Camilo Quintero Giraldo, exdirector de la Clínica Jurídica de Medio Ambiente y Salud Pública e integrante del equipo del excongresista Daniel Carvalho, habla de una” injusticia climática”. “Sectores de altos ingresos como El Poblado cuentan con parques y árboles, mientras otros, como Manrique o Villa Hermosa, tienen un déficit de espacio público verde”. A esto se suma la exposición de vendedores ambulantes, transportistas y otros trabajadores que permanecen varias horas en la calle. Robinsón Giraldo, taxista desde hace cuatro años, prefiere comenzar su jornada a las dos de la mañana para evitar las horas de mayor calor, especialmente en el centro. “Ahí eso es puro cemento, no hay pulmón verde, uno se siente sofocado. Es muy diferente si uno va hacia Laureles [en el centro de la ciudad], porque hay árboles y la sombra refresca”, afirma. La Avenida El Poblado, en los barrios del sur de Medellín, cuenta con muchos árboles. Los habitantes de la zona dicen que, en cambio, el centro de la ciudad y la zona norte carecen de espacios verdes (Imagen: Daniel Romero / VWPics / Alamy) Medir el calor en Medellín El calor también puede causar emergencias médicas. Carmen Cecilia Gómez, médica internista de la Fundación Cardioinfantil, el mayor hospital especializado en cardiología en Colombia, explica a Dialogue Earth que la exposición provoca primero deshidratación y calambres por la pérdida de agua y sales minerales. Si continúa, puede generar agotamiento, mareo, dolor de cabeza, náuseas, debilidad y sensación de desmayo. Desde 2021, la Gobernación de Antioquia junto a la Universidad de Antioquia desarrollan el Plan de Adaptación al Cambio Climático desde la Salud Ambiental para Antioquia (Paccsa), que recopila información sobre las islas de calor y otras variables climáticas para medir su impacto en la población del departamento. Esta es una iniciativa para planear acciones públicas para mitigar los efectos del cambio climático y su incidencia en la salud de los habitantes de las nueve subregiones de Antioquia, incluyendo la región del Valle de Aburrá, en la que se encuentra Medellín y su área metropolitana. Un aspecto clave de este trabajo es recopilar información sobre las islas de calor y otras variables climáticas para medir su impacto en la población. Estas islas de calor se presentan en zonas altamente comerciales, como el centro de Medellín, así como en zonas industriales de Bello, Itagüí, Sabaneta, La Estrella y Envigado. ¿Qué es el efecto isla de calor urbano? Las ciudades suelen ser más cálidas que las zonas menos pobladas que las rodean. Esto se debe a una combinación de factores: normalmente hay menos árboles que proporcionen sombra; hay un mayor número de edificios de hormigón y ladrillos, que pueden absorber el calor; y se consume más energía, lo que produce calor residual. El resultado se conoce como efecto isla de calor urbano. La lucha por ciudades verdes Los especialistas también advierten que en los últimos años disminuyó el ritmo de reforestación, mientras se priorizaron obras de transporte público, como troncales de buses articulados y líneas de metro ligero. Álvarez menciona la construcción de la línea 80 del metro, que implicó la tala de 84 árboles. (El proyecto del metro afirmó que ofrecería una compensación mediante la plantación de cientos de árboles más en otras zonas). El excongresista Daniel Carvalho, ingeniero civil y urbanista de formación, fue coautor de la Ley de Ciudades Verdes, aprobada por el Congreso de Colombia en 2025. Esta ley brinda a los alcaldes herramientas para fortalecer la adaptación al cambio climático y construir centros urbanos verdes, biodiversos y resilientes. Esto puede lograrse, por ejemplo, mediante incentivos financieros destinados a financiar proyectos de infraestructura ecológica urbana y el apoyo del gobierno central para realizar evaluaciones de referencia que determinen las necesidades de las ciudades. Carvalho afirma que integrar mejor la naturaleza en la planificación urbana es una de las principales medidas que el país puede tomar para hacer frente al cambio climático. Medellín, agrega, está rodeada de una rica biodiversidad, con miles de especies de plantas, insectos, aves y otros animales. Un gallito de las rocas andino (Rupicola peruvianus) en Jardín, en la región de Antioquia. Según un experto, Medellín está rodeada de una rica biodiversidad (Imagen: Addictive Stock / Alamy) Quintero, Carvalho y Álvarez coinciden en que la ley puede impulsar proyectos de arborización vinculados a la conservación de la biodiversidad y orientados a beneficiar a toda la población. Afirman que la ley debería aprovecharse para llevar a cabo una iniciativa integral que haga hincapié en la plantación de árboles, pero que también amplíe la respuesta al calor para incluir otras medidas. “Nos queda un largo camino por recorrer; debemos trabajar en la educación ambiental de la ciudadanía, en involucrar al sector privado en proyectos ecológicos y en reemplazar las superficies duras por superficies verdes”, afirma Carvalho. Los mapas y testimonios retratan una ciudad que ha reverdecido, pero no con la velocidad ni con la distribución que exige el aumento de la temperatura. “Medellín debe enfrentar el futuro de frente. Si seguimos negando la importancia de los espacios naturales para la salud física y mental de los ciudadanos —y para la competitividad—, estamos condenados a seguir sufriendo desastres en un país que se enorgullece de ser uno de los más ricos en biodiversidad del mundo”, concluye Carvalho. Continuar leyendo Artículo Biodiversidad COP17: ¿Pueden los países repartir los beneficios de los datos digitales de la naturaleza? Artículo Conflicto El reconocimiento de Colombia de los ríos como víctimas del conflcito armado está en peligro Artículo Comercio ¿Cómo el auge económico peruano por las exportaciones logró sobrevivir al caos político? 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