México ha demostrado que es capaz de crear tecnología, aseguró la presidenta Claudia Sheinbaum en la presentación a la prensa del primer auto eléctrico que se fabricará en serie en el país. El Olinia se presentó en junio, junto con el primer autobús eléctrico fabricado en México. A partir del año que viene, los mexicanos podrán comprar el Olinia, un vehículo totalmente eléctrico de seis plazas, por el competitivo precio de 150.000 MXN (8.600 USD).
Tuve la oportunidad de participar en las primeras fases de desarrollo del proyecto Olinia, en 2025. En aquel momento, un plazo de dos años para desarrollar y lanzar un vehículo eléctrico asequible parecía extraordinariamente ambicioso. Sin embargo, ser testigo de ello de primera mano me dejó claro que México perseguía algo más que un nuevo vehículo: se trataba de un nuevo enfoque de la política industrial, basado en la rapidez, la innovación y la colaboración.
Nuestra investigación en el Global South Center for Clean Transportation muestra que la cuota de vehículos eléctricos producidos en el Sur Global, excluyendo a China, se ha triplicado desde 2020. Las ventas también están creciendo rápidamente, con un aumento interanual del 78% en 2025 en Colombia, México, Chile y Brasil.
Esto significa que los gobiernos ven cada vez más la transición hacia los vehículos eléctricos no solo como un objetivo climático, sino como una competencia por la inversión, el liderazgo tecnológico y la competitividad industrial. Y México se ha sumado a esa carrera.
¿Por qué es esto importante para México? El sector automovilístico mexicano —basado casi en su totalidad en la demanda de exportación, con más del 70% de los vehículos ligeros exportados a Estados Unidos— está estructuralmente expuesto a la volatilidad de la política comercial y los aranceles estadounidenses.
México tiene ante sí una oportunidad única: revitalizar su estrategia industrial aprovechando la demanda de vehículos eléctricos, atraer inversión a lo largo de toda la cadena de valor y erigirse como el principal fabricante de vehículos eléctricos de América Latina.
El proyecto Olinia
El proyecto Olinia se distingue por el hecho de que su financiación y sus objetivos proceden del Estado y no del sector privado. Cuando se concibió a finales de 2024, su objetivo principal no era fabricar un vehículo eléctrico asequible para la movilidad urbana. El objetivo del proyecto era reforzar las capacidades de investigación y desarrollo de las universidades e instituciones públicas mexicanas.
En 2025, bajo la dirección del ingeniero Roberto Capuano, el proyecto Olinia había evolucionado: se convirtió en una oportunidad para que México aprovechara su experiencia en el sector de la automoción y el talento local para desarrollar vehículos destinados a su propio mercado.
La ambición de México es que, para 2030, el 50% de los vehículos vendidos en el mercado nacional sean de cero emisiones. Esta cifra era solo del 7% en 2025, pero se estima que existe un amplio mercado para los vehículos eléctricos pequeños o compactos en el país. Este crecimiento viene impulsado por los pasajeros urbanos que utilizan servicios de transporte compartido y taxis, así como por el sector de los vehículos comerciales ligeros.
Al centrarse en estas aplicaciones de transporte compartido y vehículos comerciales ligeros, Olinia pretende ofrecer un vehículo eléctrico asequible para flotas en las que la rentabilidad es mayor: el objetivo más accesible en la transición hacia la movilidad eléctrica.
Medidas políticas
El siguiente paso más importante para México es crear un mercado de consumo predecible y en crecimiento para los vehículos de cero emisiones.
El refuerzo y la aplicación efectiva de la normativa mexicana sobre eficiencia energética, la NOM-163, podrían contribuir a ello. La NOM-163 establece un requisito mínimo respecto a la distancia que un vehículo debe ser capaz de recorrer con una cantidad específica de combustible. Estas normas pueden fomentar la adopción de los vehículos eléctricos al encarecer el cumplimiento de la normativa para los motores de combustión interna tradicionales, lo que incentiva a los fabricantes de automóviles a reorientar la inversión hacia alternativas de cero emisiones.
Una trayectoria predecible en materia de eficiencia de los vehículos y normas de emisiones ayudará a transmitir a los inversores que la demanda interna de vehículos eléctricos crecerá. Esa certeza reduce el riesgo de inversión, mejora la coordinación en las cadenas de suministro, crea puestos de trabajo altamente cualificados y aumenta la eficiencia fiscal de las medidas de apoyo público.
Los países que tengan éxito en la transición hacia los vehículos eléctricos no serán necesariamente aquellos que gasten más dinero público, sino aquellos que generen las señales de mercado más claras y creíbles. Una norma de eficiencia energética no es simplemente una política climática, sino un mecanismo para crear las condiciones de mercado necesarias para la transformación industrial.
La aceptación por parte de los consumidores será igualmente importante. La última encuesta nacional a usuarios de vehículos eléctricos realizada por la Asociación de Movilidad Eléctrica de México (EMA), publicada a principios de este año, reveló que el 90% volvería a comprar un vehículo eléctrico. Y ello a pesar de que la infraestructura de recarga sigue siendo una de las principales preocupaciones. Una de las razones principales de estos resultados fue de carácter económico, relacionada con los menores costos de mantenimiento y las desgravaciones fiscales de las que disfrutan los propietarios de vehículos eléctricos.
En última instancia, la mayoría de los conductores quieren un auto fiable con menores costos de funcionamiento; a medida que vayan apareciendo en el mercado opciones de vehículos eléctricos asequibles, la demanda crecerá. En México, está claro que el mercado está pasando de los primeros usuarios, preocupados por el medioambiente, a consumidores preocupados por los costos, que serán los que impulsarán el crecimiento de la demanda.
Un enfoque que vincule los incentivos al consumidor y el apoyo a la demanda con la seguridad normativa será fundamental para lograr una transformación sostenible del mercado.
En un momento en el que la industria automovilística mundial se está reinventando, Olinia podría resultar ser mucho más que un proyecto de vehículos eléctricos. Podría marcar el comienzo del próximo capítulo industrial de México. El verdadero legado de Olinia no se medirá, por tanto, por las ventas, sino por si el proyecto contribuye a consolidar a México como un país innovador que da forma al futuro de la movilidad limpia.
